El último e inolvidable viaje juntos (gracias por ese hermoso regalo, papá)


¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Supongo que contento por ver cómo la gente te recuerda cuando cogen tu marca páginas. Todos pensamos lo mismo, que estás guapísimo en esa foto.

Supongo que recordarás que hoy hace un año que empezaba nuestro último viaje juntos. ¡Y qué bonito fue todo! Parecía mágico. De hecho fue mágico… Y eso que no sabíamos que íbamos a coger el último tren de tu vida.

Quiero que todo el mundo sepa lo bien que lo pasamos. Lo maravillosa que fue nuestra estancia en Madrid para acudir a la gala de los Premios 20Blogs, en la que yo estaba finalista.

Recuerdo cada detalle. Salimos de Vialia y en 90 minutos llegábamos a Chamartín. Allí supiste lo que era por primera vez un Cabify. No dabas crédito a que un coche, con la tarifa ya fijada, te llevara de un lado a otro de la capital, que el chófer te dejara elegir música, te diera agua fría y hasta te dejara elegir la música.

La primera parada fue el hotel Mora, en el paseo del Prado, justo a la vuelta del Caixa Forum, donde se celebraba la gala.

Nos cambiamos de ropa, nos aseamos y otro coche nos llevó a Casa Botín, el restaurante más antiguo de España, donde nunca había compartido mesa contigo. Tu sonrisa al llegar no te cabía en la cara. Era el lugar de reunión de don Benito Pérez Galdós y de muchas de tus admiradas plumas de aquella generación.

Respiraste hondo para que te llegara la esencia de tantos genios de la literatura. Nos sentamos a la mesa y un agradable camarero comenzó a llenarla de las más exquisitas viandas. Por fin llegó el plato estrella: el tostón asado. A los dos se nos pusieron los ojos nos encantaba y ese es uno de los más deliciosos del mundo.

Tomamos el postre y para mi sorpresa, cuando pensé que querrías dormir la siesta, giraste hacia la Plaza Mayor y me dijiste que querías subir la por lo menos veintena de peldaños. Feliz te cogí del brazo. Empezamos la ‘escalada’ y cuando estábamos allí aceptaste que te invitara a una copa. Brindamos por nosotros y por lo que pasara esa noche de nervios.

Cuando terminamos cogimos otro Cabify. Tú querías descansar un poco y yo tenía cita en un salón de belleza para peinarme y hacerme la manicura.

La ‘restauración’ se alargó más de lo previsto y cuando llegué ya estabas esperando, creo que más nervioso que yo, con la invitación de la mano.

A mí me quedaba ducharme, pintarne y ponerme el impresionante vestido rojo que me habías regalado. Aunque protestaste porque el tiempo apremiaba, cuando me viste salir ya completamente lista para la ceremonia, tus ojos grises brillaban con un color especial, mientras que de tu boca salía: “Estás simplemente impresionante”.

Volví a cogerte fuerte del brazo, con el orgullo de llevarte a mi lado en un momento tan especial.

Mientras que esperábamos en la alfombra roja, llegó Carmen Posadas, que no dejaba de mirar mi atuendo, a pesar de que ella es una mujer de belleza impactante.

Finalmente accedimos al auditorio. Nos dieron unas cartas que ninguno de los dos sabíamos para qué eran.

Se apagó la luz y de un lateral salió el increíble mago Jorge Blass haciendo uno de sus trucos para empezar a calentar el ambiente.

Llegó la hora de anunciar los finalistas en la categoría de motor. Aún siento la fuerza de nuestras manos agarradas, la mirada con la que nos dijimos todo y la decepción personal que me llevé de ser otra vez finalista, pero contigo al lado ya me sentí ganadora.

Volvió Jorge Blass y pidió que sacáramos las cartas. No me preguntes cómo lo hizo, pero después de barajar, dar vueltas, intercambiar con el compañero de asiento…cuando pidió que diéramos la vuelta a la única que quedaba en nuestras manos, todos, pero todos, teníamos la misma, con el logotipo de los premios. Nos dejó boquiabiertos a pesar de la desilusión de no tener la estatuilla entre nuestras manos.

Terminó la gala y empezó el cóctel. La organización te tenía preparado un espacio especial para ti, para que no te cansaras. Estuvimos de tertulia, intercambiamos tarjetas y hablamos de mil cosas antes de que el agotamiento hiciera mella en los dos y nos retiráramos a descansar. Me quité el maquillaje, te di mil besos de buenas noches y las gracias por ese día tan hermoso.

Aún nos quedaban horas en Madrid, pero esas las guardo para mañana, que también son muy bonitas.

Gracias, papá, por ese regalo tan especial, que conservo en cientos de fotos y en miles de imágenes que ahora se pasan por mi cabeza. No se te olvide felicitar a tía Manola, que hoy es su cumpleaños.

¡Te quiero, siempre, mi pituco!

 

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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