Nuestras tardes de ciclismo y la colección de chapas con los corredores de antaño


chapas
Nuestra colección de chapas con las caras de los corredores de ciclismo aún siguen como las dejamos hace muchos años.

¿Sabes? Ya ha comenzado el Giro de Italia. Ni tan siquiera me había preocupado por la fecha de inicio, pero lo encontré por casualidad pasando canales con el mando.

Y lógicamente me acordé de lo mucho que disfrutábamos viendo este durísimo deporte. ¡Cuantas tardes sentados en el salón (yo tirada en el suelo con unos cojines) animando a nuestros ídolos!

Pero sin duda, el más grande, el que más nos emocionaba, era Bernad Hinault (Bernardo le llamabas tú siempre defendiendo el castellano puro). ‘El caimán’, así lo apodaban, y cada vez que saltaba del pelotón tú comenzabas a entonar esa canción que dice: “Se va el caimán, se va al caimán, se va para Barranquilla” y sonreías, mejor dicho, sonreíamos. Y si ganaba más aún.

Cuando éramos niñas, más bien preadolescentes, sacaron una colección de pegatinas con las caras de los corredores que había que colocar en el interior de una chapa de botella. Lógicamente nos compraste todos. Después de comer, íbamos al apartamento y creábamos nuestro propio recorrido, con puertos de montaña, línea de salida y meta. Nos tirábamos al suelo y con el dedo íbamos dando hasta ver quien llegaba primero.

Fue en aquella época en la que recuerdo que comenzaste a cambiar tu carácter, más bien serio, por el padre divertido, afable, cariñoso, tierno, inquieto que fuiste hasta el final.

Las chapas llevaban mucho tiempo guardadas en un estuche de metal, que hoy encontré y que me ha hecho recordar aquellos maravillosos años de las paellas del restaurante Arnau (en Isla Cristina), de Pepe ‘Piticlín’, el aparcacoches de la playa, de las muchachas del quiosco que vendían ‘Optalidón’ bajo cuerda… de muchos momentos felices que contrastan con los que hoy tengo. ¡Quién fuera niña, papá, quien fuera niña! Quien pudiera volver a abrazarte, acariciar los rizos de tu pelo, mirar tus ojos grises, darte un beso de buenos días y cien de buenas noches. ¡Qué tristeza infinita! ¡Qué desconsuelo invade mi cuerpo en este momento!

Y sé, porque todo el mundo me lo repite, que a ti no te gustaría verme como estoy ahora, con un pañuelo empapado de lágrimas, en la soledad de mi habitación, intentando que esos momentos bonitos me traigan calma en lugar de tempestad, pero creo que las emociones hay que canalizarlas de alguna manera y hoy me ha dado por ahí

Así que voy a darme una ducha, ponerme lo menos fea posible y salir a la calle a ver el sol, las cigüeñas sobrevolando la ciudad y un estrella que brilla con mucha intensidad en el cielo y que cuando alzo mi mirada hacia ella, parpadea. ¡Te quiero, papá!

 

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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