Eu non creo en las meigas, más haberlas haylas (y tú encontraste y retrataste una)

meiga

¡Hola, papá! ¿Cómo va todo? Por aquí pasa un poco de todo. Hace un rato coincidí con Marisol, la exalcaldesa de San Felices de los Gallegos, con la que compartiste algunas fiestas de ‘El Noveno’, que se celebran este fin de semana, y donde también fuiste pregonero, y darle la triste noticia de tu fallecimiento.

Las lágrimas se nos saltaron a las dos. Y es que pasa el tiempo, pero parece mentira que haya tanta gente que aún no se haya enterado de tu viaje al más allá.

¿Sabes papá? Me aterra pensar en el momento en que comenzó tu partida. No sabes lo que daría por saber que imagen fue la última que tuviste en tu cabeza antes de que tu corazón se parara para siempre, qué canción sonaba en ese momento… tantas y tantas cosas. Dicen que en esos segundos pasa toda tu existencia por la mente. Toda… y por suerte yo formé parte de ella.

Porque eres lo que más he querido en la vida, lo que más. Y aunque a veces me sacan una sonrisa, que sólo dura unos minutos, por desgracia, mis ojos reflejan aún un halo de tristeza difícil de borrar.

Hoy mi mente me lleva de nuevo a Galicia, concretamente a una callejuela que partía de la impresionante Catedral en la que tus ojos grises se perdían ante tanta belleza. Llovía, para variar, y de repente una mujer se cruzó en tu camino. Era pequeña, con el rostro marcado por las arrugas del paso del tiempo, vestía de negro, con un pañuelo en la cabeza y un mandil.

En ese momento saliste corriendo tras la misteriosa anciana. Primero perdiste su rumbo. Y después, para tu satisfacción, volviste a topar con ella y captaste su imagen con tu cámara de fotos, una imagen que hoy quiero compartir para todos aquellos que también conocen esa frase tan galleguiña de: “Eu non creo en las meigas, más haberlas haylas”.

Te dejo, mi vida, no sin antes recordarte que hoy hace un montón de años (1883) nacía José Ortega y Gasset, el de yo soy yo y mi circunstancia. Esta mañana seguí con mis clases de yoga, acabo de llegar de kickboxing y en un rato me voy a spinning. ¡Te quiero, papá, siempre!

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