Día de nervios y de muchas zancadas para que mañana brille tu estrella

habitación

La foto que hora cuelga en la pared de mi habitación. ¡No se puede ser más guapo!

¡Hola, papá! ¿Qué tal van los nervios? Los míos regular sólo. Mañana va a ser un gran día. O al menos eso espero después de todas las zancadas que he dado para que, Nacho, el padre, el escritor, el esposo, el confidente, el amigo, el amor de mi vida tenga un lugar esté presente en su Feria del Libro.

Ya sabes que como siempre tengo un dilema importante: ¿Qué me pongo? ¿Cómo me peino? ¿De qué color pinto mis labios?

Cada vez que salía contigo del brazo me gustaba ir guapa y ahora con más motivo. Quiero que esos ojos grises brillen más que el sol cuando me veas.

Los míos también brillarán. Lo sé. Qué orgullo, papá, qué orgullo. Aún te veo en la caseta del Ayuntamiento con tu chaqueta azul firmando ejemplares del ‘Callejero Historico Salmantino’ junto a Sara, la chica que compartió espacio contigo y que nos sorprendió a todos por su fortaleza y su energía a pesar de que la vida no la había tratado muy bien.

Tengo que decirte que por fin he quitado las fotos de Clinton Moore que había en la pared de mi habitación. Las he cambiado por una tuya, que ayer me imprimieron tus amigos de Deyme, la fotocopiadora de enfrente de casa.

Ya no tienes que tener celos del australiano. Ni del australino ni del salmantino ni de ninguno.

Eso sí, Australia sigue siendo mi país favorito y en cuanto pueda nos vamos juntos para quedarnos. Nuestro destino está allí, a miles de kilómetros de una ciudad que se queda muy pequeña y que ya no me dice nada. Nada.

Veremos atardeceres en la Ópera de Sidney, pasaremos horas oyendo el sonido de las olas en Bondi Beach, comeremos churros con dulce de leche en Guzmán y Gómez, iremos al zoo a ver koalas y canguros…

Todo lo que quieras. Pero a mi lado. Siempre a mi lado. Agarrando fuerte mi mano, ya que otros la soltaron.

Ay, mi vida. Qué bonito futuro no espera. Qué bonito. Y como ya has viajado en avión, sé que ahora ya no te dará miedo. Y en cuanto veas a las azafatas de Emirates, menos. Igual no te quieres ni bajar, golfete.

Te dejo, cariño, que mis nuevos quehaceres me esperan. Cuidate mucho y hoy intenta dormir pronto. Te espero debajo del reloj de la Plaza Mayor a las 11 en punto. ¡Te quiero, papá!

P.D. Justo cuando termino de escribir este post leo la noticia de que ha muerto Alfredo Pérez Rubalcaba. No superó un ictus que sufrió hace unos días.

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