El limón que aliviaba tu malhumorado carácter cuando aparecía el molesto hipo


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¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Seguro que bastante nervioso porque en una semana empieza la Feria Municipal del Libro y allí, en el estand de la Diputación Provincial de Salamanca, se repartirán los marca páginas que anuncian la próxima publicación de ‘La campana del Carnaval’. Espero que te guste la foto que elegí y el texto que te escribí, sencillo y breve.

Aún me queda por terminar el prólogo, al que voy dando forma y vueltas casi a diario, porque para mí es un orgullo, pero una responsabilidad enorme. Supongo que el día 11 estaré emocionada y feliz, aunque también triste porque no estarás allí para verlo.

Pero bueno. Todavía queda un poco para ese momento. Hoy estaba cortando limones y, como cada segundo, se me vino a la cabeza tu imagen.

Recuerdo que eras muy propenso a los ataques de hipo, que te provocaban un tremendo mal humor. Primero probaste con el truco de siempre, taparse la nariz; luego con el bicarbonato y, finalmente, una noche de fiesta con María José, la madre de mi ahijado Javier, te dio la clave: comer una rodaja de limón.

Mano de santo. Cada vez que empezaba a contraerse el diafragma, cortaba un trozo y tú, con esa cara que se nos pone a todos al meter algo tan ácido en la boca, lo masticabas con fuerza. En un momento el mal estaba sanado y tu carácter volvía a ser afable.

Ninguno nos creíamos que una cosa tan sencilla fuera tan eficaz. Ojalá hubiera remedios así de fáciles para todo.

Mi espalda sigue regular tirando a mal. Esta mañana, en la que he conocido a unos paisanos de tu íntimo amigo Víctor Chamorro, al que no he vuelto a llamar porque sé que tu muerte le afectó mucho, apenas podía doblarme cuando llegué a casa después de hacer mis cosas. Y eso que no pude ir a spinning por atender mis nuevas obligaciones.

Luego me tumbé un rato al sol. El calor calmó un poco el dolor, pero no del todo. Ya te he dicho que es algo más psicológico que físico y que sólo alguna pomada logra mejorar.

No sé, mi vida. La verdad es que han pasado casi cinco meses y aún no me creo que no estés, porque es imposible sacarte de mi cabeza y de mi corazón. Qué putada me hizo el destino llevándote tan pronto. Con la de cosas que nos quedaban por hacer juntos.

Pero ya no hay marcha atrás. Toca seguir adelante mal que bien, intentando asimilar tu pérdida.

Te dejo, mi amor, que quiero verte sonreír por lo que te espera el próximo sábado. Hay una frase de la película ‘Una proposición indecente’ que siempre me cautivó: ¿Te he dicho alguna vez que te quiero?/ No/ Pues te quiero/ ¿Todavía?/ Siempre.

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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