Historias de la fosa séptica y mis dotes de aprendiz de electricista

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La puerta de mi habitación entreabierta esperando la llamada que ya nunca llegará.

¡Hola, papá! ¿Cómo te va la vida? O mejor dicho, la muerte. Yo llego del fisioterapeuta, de la clínica de Inés, en Canalejas. Ahora soy yo la que necesito que me arreglen.

Mi espalda sigue hecha trizas. Además de una contractura, todo el mundo coincide en decir que es nervioso. Cada vez que me encuentro con alguien y hablamos de ti o cuando voy a algún lugar donde compartimos nuestros miles de momentos juntos, mi lumbar se resiente hasta el límite. Me quedo paralizada y hay veces que necesito ayuda para poder volver a enderezar mi columna, pero no te preocupes, estoy bien más o menos.

Ni te imaginas lo que he hecho hace un rato. No es muy bucólico, pero inevitablemente me ha recordado a ti: desatascar la fosa séptica. Toda una aventura para quien nunca se preocupó de esas cosas.

Cogí tu alambre, mis guantes, el cubo y coloqué la silla de tres patas en el mismo sitio donde te sentabas tú. Te mentiría si dijera que fue fácil. Más bien al contrario.

Una cosa tan cotidiana como esa, se ha convertido en un reto para mí, igual que podar los tiestos o cambiar una bombilla.

Me ha ha tocado espabilar a marchas forzadas. Todos los días cierro las puertas para que no entre frío, vigilo que las luces queden bien apagadas y voy a tu almohada a desearte buenas noches.

Dejo la puerta entreabierta, por si me llamas, y procuro apagar la tele antes de dormir, aunque no siempre lo consigo.

Ahora soy una ‘manitas’, que intenta arreglar todo lo que puede tal y como me enseñaste. El primer día me sale mal. Al siguiente, un poco mejor. Pero al final casi siempre lo consigo.

Puedo imaginarte viéndome y en el fondo sonreirás. Un día como hoy, pero de 1898, nacía otro Premio Nobel, Vicente Alexaindre, pero es algo que pasa inadvertido a casi todo el mundo, porque para España lo realmente histórico es que ayer la Pantoja se tiró desde un helicóptero para participar en un ‘reality’ y así seguir inflando su cuenta corriente. Este país es así. ¡Te echo de menos! ¡Te quiero, papá!

2 comentarios en “Historias de la fosa séptica y mis dotes de aprendiz de electricista

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