Libros, lluvia y una amante de la pluma que regalaba sueños en forma de marcapáginas


feriaaalibro
Uno de los puestos con libros de temática salmantina.

¡Hola, papá! Llueve, y mucho, como cada casi todos los 23 de abril, el día en que se celebra la fiesta de los libros, tu fiesta. La fecha en que nacieron dos grandes de la literatura, Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

Es el día en que la Plaza Mayor se convierte en cita de salmantinos y turistas, lugar de encuentro para amantes de la lectura, curiosos o simplemente personas que no tienen más que hacer y encuentran allí un lugar donde pasar el rato.

Aunque el agua no pudo con la algarabía, había una especie de alma en pena visitando los puestos, buscando no sé muy bien qué, porque ya no puedes disfrutar de tus ‘Lazarillo de Tormes’, de ‘Brujas, la muerta’ o de tantos y tantos títulos que te entusiasmaban.

lazarillos
Ediciones de ‘La vida de Lazarillo de Tormes’. 

Bien es cierto que imagino tu indignación viendo cómo en los primeras filas, bien a la vista del público, se encontraban los autores de siempre, los que sustentan las grandes casas, los que en muchos casos tienen un ‘negro’ que escribe sus textos y ellos sólo ponen su nombre en letras doradas y se llevan la ‘pasta’.

Imagino tu cara viendo el libro de una tal Ana Guerra, ex ‘triunfita’, que ha escrito una biografía en la que supongo que explicará el significado de una canción tan profunda cuya letra dice algo así como: ‘Hola/ Mira que bien me va sola/Nadie a mí me controla/Y si me lo pides/ya no te doy ni la hora’. O el último de un tal Paco Cañamero, que hace libros como churros sobre fútbol, toros y otras variedades. Sin olvidar a Carmen Posadas, el último premio Planeta, que ya va por la cuarta edición y otros tantos y tantos que me faltaría espacio para citar.

Frente a la ‘prostitución’ literaria, en este matinal paseo también tuve la oportunidad de conocer a una amante de la pluma que con sus pocos medios había hecho una pequeña edición de un libro sobre sus viajes realizados a pie. Ella no tenía ‘stand’ cubierto. Estaba en la trasera de uno de ellos, en una pequeña mesa hecha con panel y un plástico que tapaba su escaso material.

Su cabello estaba empapado y su cara desprendía felicidad por poder estar allí, en ese marco maravilloso en un día tan especial. Regalaba marca páginas. Unos marca páginas para los que leían de día y otros para los que lo hacían de noche. Y lo más importante… regalaba sonrisas, palabras amables y, sobre todo, le encantaba escuchar.

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Los marca páginas de Luixi Manchado.

Amablemente me ofreció uno de sus obsequios y yo le sonreí y lo cogí. Me contó que tenía un blog, que le encantaba y que ése era su primer ‘hijo’ literario. Le pregunté su nombre para seguir sus andanzas y entonces sacó una tarjeta: Luixi Manchado Manchado.

Una vez que terminó, yo también quise hablarte de ti, de tu obra, de tu persona, del escritor, del padre, del amigo, del compañero de aventuras… y se quedó simplemente fascinada. Como el agua arreciaba con fuerza, guardé sus regalos no sin antes desearle toda la suerte del mundo en esta loca aventura en la que se había embarcado.

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El puesto de la librería Víctor Jara, cuya editoria, Amarú, publicó varias de las obras de mi padre, Ignacio Carnero.

Pasé a saludar a Mario, de Víctor Jara, a María, de Musarañas y me encontré con un buen amigo común, Paco Morales, otro gran conocedor de Salamanca, que, como tantas otras muchas personas, me preguntó que cómo estaba tan sola, que dónde había dejado a mi padre. No hizo falta que le explicara más. En cuanto vio mi cara, me agarró fuerte y me dio un abrazo. Te apreciaba mucho, igual que tú a él. Era una admiración recíproca.

Y ahora, mientras que escribo, alejada de todos los dimes y diretes del primer debate entre los candidatos a las elecciones generales del domingo, me viene a la cabeza un 23 de abril en Barcelona, donde se celebra el día de Sant Jordi, y donde me sucedió una bonita historia que tú ya sabes, pero que hoy quiero compartir en este blog.

Había amanecido una soleada mañana en la capital catalana. Rauda, cogí mi toalla y mi bikini y me fui a bañar a La Barceloneta. Un señor, que no dejaba de mirarme, me preguntó la hora. Se la dije y seguí a lo mío. Sal y sol, que es lo que iba buscando después del duro invierno salmantino. Cuando se acercaba la hora de comer, recogí mis bártulos y me dirigí a comer al restaurante Salamanca, de mi amigo Silvestre Sánchez Sierra.

Cuando estaba sentada empezando a degustar alguno de sus exquisitos manjares, el hombre apareció en el local. Llevaba una hermosa rosa roja en su mano. Tímidamente se acercó a mí y me la dio, diciéndome que había buscado una tan hermosa como yo.

Apenas me dio tiempo a agradecerle el detalle. Lejos de querer molestar, salió con la misma rapidez que entró y no volví a saber de él.

Hoy también tengo una rosa, amarilla para más señas, mis favoritas. El azar ha querido que en el Día del Libro nazca la primera flor en tu terraza. No he querido cortarla aún para ponerla en mi habitación, pero mañana te la enseñaré para que veas que tu luz sigue presente en cada rincón de este precioso hogar que nos diste. ¡Te quiero, papá!

 

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

4 respuestas a “Libros, lluvia y una amante de la pluma que regalaba sueños en forma de marcapáginas

  1. Emocionada estoy, Patricia ,por lo bonito que escribes, desde el corazón y que tan dentrito llega.
    Esa pena que tan profunda llevas, el amor por tu padre y el dolor de su pérdida…. es el gran homenaje que le haces.
    Mil gracias por esta bella reseña sobre mi persona.
    Para mí ha sido un encuentro inolvidable, El inicio del camino de una nueva amistad…. Gracias por esos brillantes momentitos compartidos ,en una destemplada mañana ,en la feria del libro de Salamanca en la surgió el arcoiris.
    Un abrazote gordete, Patricia

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    1. Gracias a ti, Luixi, porque me hiciste pasar un momento inolvidable. A mi padre le hubiera encantado conocerte, porque era bohemio, soñador y un gran hombre, que es lo más importante. El placer fue mío. Si vuelves a Salamanca, no dudes en llamarme. Un beso enorme 😘

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