Domingo de Resurrección añorando nuestro esperado encuentro en la séptima farola de la eternidad

‘El Encuentro’, en la puerta de la Catedral de Salamanca. Foto @CGCarbayo

¡Hola, papá! ¿Qué tal Domingo de Resurrección? ¡Qué paradojas! Hablar de resucitar cuando hace cuatro meses que has muerto y ninguno de los dos creemos en esas cosas.

Salamanca ha vivido con el mismo fervor de siempre su tradicional procesión de ‘En Encuentro’. El tiempo ha acompañado y por fin la Virgen se ha podido reencontrar con su hijo vuelto a la vida.

Una escena tan bella como irreal, pero hay que respetar la creencia de los devotos, que ya guardan pasos y capuchones hasta dentro de un año.

Como cada día, nada más levantarme, echo un vistazo a Twitter para saber lo que ha pasado por el mundo, como me solías decir tú cuando llevabas un tiempo sin escuchar la radio o leer el periódico.

Cual no ha sido mi sorpresa al ver que el encabezado de los temas del momento es nada más y nada menos que Salamanca tiene un astronauta en su Catedral. Y entonces he pensado que definitivamente algo no va bien en este mundo de locos donde hoy han matado a casi 200 inocentes en un salvaje atentado en Skri Lanka.

astronauta.jpg

Una de esas noticias que te conmocionan, te indignan y te asustan, porque las imágenes son realmente despeluznantes.

Por aquí hay novedades. Pocas buenas. Tu amigo Martín murió hace un par de meses y su viuda, María José, tiene un tumor maligno en el pecho, del que le operarán en breve.

Aunque no te lo creas, sólo hace tres días que se enteró que te habías ido y estaba conmocionada porque, como nos dijo, te apreciaba mucho.

Martín fue más ‘afortunado’ que tú en el momento del adiós. Se sentó a ver la televisión después de cenar, se levantó, cayó al suelo y no se enteró de más.

Esta mañana, al salir mamá y yo, se ha acercado un conocido y nos ha dicho: ¿Dónde habéis dejado a ese hombre? Al ver mi cara se ha dado cuenta de que algo malo había pasado.

Espero que tengas bien guardada tu brújula y recuerdes que te espero en la séptima farola de la eternidad. No lo olvides, mi vida. ¡Te quiero, papá!

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