El valor de las pequeñas cosas que no apreciamos hasta que nos faltan


gymsinti
Recuperando la rutina del entrenamiento diario y reflexionando sobre las pequeñas cosas de la vida.

¡Hola, papá! ¿Cómo va todo por ahí? Por aquí inmersos en plena campaña electoral y procesiones, debates, discursos, promesas, capuchones, velas… El próximo domingo habrá nuevo presidente del Gobierno. No te preocupes. Te mantendré informado.

Esta mañana de Sábado Santo la he dedicado a machacarme en el gimnasio. Una hora de ‘spinning’, unas cuantas series de abdominales y un buen rato de pesas. La verdad es que es una buena forma de evadirme un poco de la realidad, aunque cuando cruzo la calle y traspaso el umbral de la puerta, me topo de golpe con ella.

Y ese golpe sigue doliendo infinito. ¡Ay, papá! No veas la envidia que siento cuando veo a los niños que van cogidos de la mano de sus padres y a los padres que los abrazan con fuerza y los besan con un cariño infinito.

Y pienso entonces los afortunados que son, aunque muchos de ellos ni tan siquiera se dan cuenta por su corta edad. Y entonces me entran ganas de acercarme a su lado y decirles: ‘Quiérelos como si fuera el último día de su vida’, porque realmente, y no es mi caso, no se aprecia lo que tienes hasta que lo pierdes.

La gente me repite una y otra vez que me quede con los buenos momentos que pasamos juntos, con el cariño que te di y que me diste cada minuto de nuestros días, con la mano que te tendía cuando más la necesitabas, con tantas y tantas cosas bonitas y no tan bonitas que compartimos.

Me dicen que tú estabas orgulloso de tenerme, pero ignoran que mi orgullo era y es aún mayor, porque creo que nunca vi a una persona tan dulce, tan generosa, tan valiente…. La verdad es que bendigo haber podido conocerte. Corazón, por siempre, serás, mi héroe.

¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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