Háblame del mar, marinero, cuéntame qué sientes allí junto a él…

mardeba

El mar de Deba.

¡Hola, papá! ¿Cómo sigues? Hoy es Jueves Santo, las calles de Salamanca están llenas de gente que pasea, a pesar de que el día amaneció gris y amenaza con lluvia, como casi siempre que llega esta época en que los devotos veneran a sus santos y los ateos, simplemente, contemplan la belleza de los conjuntos escultóricos que salen en procesión.

Estas mañanas sin luz me ponen nostálgica, me llenan de melancolía, de recuerdos y entonces me doy cuenta de lo rápido que pasa todo, especialmente lo bueno, que cada momento es tan efímero que llega a asustarme y que ya hace una semana que te convertiste en guardián de Santa Catalina, en el marinero que igual una vez imaginaste cuando escuchabas una de tus canciones favoritas, que ahora suena mientras te escribo estas líneas, en el marinero que llevabas dentro que fue inspiración para escribir los más bellos textos que jamás se hicieron sobre ese río del que nunca se veía el final.

Hoy seguramente que ese mar de Deba tendrá el mismo color de tus inolvidables ojos grises, de esos que inspiraron el título de este blog, de esos que me miraban con una ternura que sólo un padre siente hacia su hija, de esos que te gustaba enseñar porque sabías que eran únicos.

Hoy, papá, como cantaba Pepa Flores, te pido que me hables del mar, marinero, que me digas lo que sientes allí junto a él, desde mi ventana no puedo yo verlo, desde mi ventana el mar no se ve…

No recuerdo cuántas veces escuchaste esta letra cuando estabas en el hospital, pero muchas, tantas como me pediste, porque esos ojos grises brillaban con un luz especial cuando la oías. No recuerdo cuántas te la puse mientras estabas sedado para que me sintieras cerca, a tu lado, con las manos entrelazadas, esperando a que despertaras para poder contarte mis cosas.

Hoy es de esos días en que mi corazón, como el cielo, está llorando con amargura porque ya no estás, porque ya no puedo sentir tus manos, tus besos, porque ya nadie me llama ‘truchilla’ y porque la soledad se está convirtiendo en mi mejor amiga, mi compañera del alma, compañera…

¡Te quiero, papá!

 

 

2 comentarios en “Háblame del mar, marinero, cuéntame qué sientes allí junto a él…

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