Cinco años sin Gabo y sus ‘Cien años de soledad’ que alguién depositó en la tumba del amor de su vida


garciamarquez

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Espero que sigas feliz con esas vistas maravillosas que ahora puedes contemplar desde el amanecer hasta que el sol empieza a esconderse y deja esa luz anaranjada en el cielo y ese último rayo verde que da paso a la oscura noche, esa noche que ahora me aterroriza que llegue sabiendo que ya no estás.

Miro tu calendario del despacho y veo que hoy también hay una nota en rojo. Una nota que con tu pequeñísima letra, a veces casi ilegible, recuerda que hace cinco años que murió otro grande de la literatura: Gabriel García Márquez, Gabo, a secas.

‘Cien años de soledad’ fue quizá la obra que más te marcó, de joven y de no tan joven. De joven porque te embebiste en sus páginas, devorándolas una a una y aprendiendo (porque al final en esta vida nunca dejas de aprender) de un maestro de las letras. Y ya de mayor cuando fuimos al cementerio y en la sepultura que se haya situada justo al lado de tu hermano Ángel, el marido de la difunta había colocado ese libro, cuidadosamente forrado para que las inclemencias meteorológicas no lo dañasen, en la sepultura de su esposa.

Recordando algunas frases inolvidables del Premio Nobel, me quedo con algunas que me han dejado huella:

“La memoria del corazón elimina los malos recuerdos y magnifica los buenos, y gracias a ese artificio, logramos sobrellevar el pasado”.

“La peor forma de extrañar a alguien es estar sentado a su lado y saber que nunca lo podrás tener”.

“La vida no es la que uno vivió, sino la que uno recuerda, y cómo la recuerda para contarla”.

Y así, esperando que esta soledad no dure cien años, y que el destino nos lleve otra vez juntos de la mano, te digo un día más: ¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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