El cumpleaños más triste de mi vida y nuestro primera mirada hace 46 años

¡Hola, papá! A las once de la mañana del 10 de abril de hace 46 años se cruzaron por primera vez nuestras miradas. Y aunque lo nuestro no fue un flechazo, tuvimos química desde el primer momento.

Para empezar no te hizo gracia que fuera niña, porque tú querías un ‘muchacho’, quizás porque ignarobas que las chicas siempre acaban teniendo debilidad por los padres. Y más cuando tienen la fortuna de que sea uno como tú.

Según me contaste, la abuela me sacaba en brazos cuando nuestras niradas se cruzaron por primera vez. No recuerdo lo que pensé, pero seguramente que parecías un señor nuy serio.

Tú sí. Te llamaron la atención mis ‘ojones’ y también que tenía pelo hasta en las orejas. Y seguramente te cagarías en todos los dioses por haber traído al mundo una meona.

Y lo peor que tus pronósticos se cumplieron. Unas semanas después, cuando me cambiabas el pañal, di rienda suelta a mis necesidades básicas y el chorro llegó hasta la pared de tu habitación. En ese momento seguro que dijiste : “Me caguen la puta muchacha”.

Pero poco a poco aquella bebé rolliza (pesé 4’600) se fue transformando para convertirse en una Carnero más. Sólo me faltaron tus hechizantes ojos grises, aunque el tono verdoso que me regaló la vida, me dio carácter, igual que mi nariz, propia de tu familia y que además yo arreglé del todo cuando patosa como nadie decidí tirarme de la rueda en marcha. Todos los niños lo hacían de pie, pero yo por ser más original, lo hice de bruces. Y deformé el hueso dejándola con una forma única errepetible.

A pesar de los pesares, no tardé mucho en ser la niña de tus ojos. Y más cuando tras un artículo publicado en la revista Semana sobre las mesas petitorias, os amenazaron con secuestrarme.

Desde entonces iba por la calle amarrada con fuerza por si acaso.

Aquel primer encuentro no nos caló en el corazón, pero poco a poco, a fuego lento, el cariño, la ternura y las miradas cómplices fueron haciéndose cada vez más necesarias. Una razón para existir. Esa que hoy, el día que cumplo 46 (sí, mi número) se apaga por minutos, porque me pueden las ganas de volver a verte.

Llévame contigo, papá. Abrázame y dime lo que yo te repito cada día. ¡Te quiero, truchilla!

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