Cojoncio y otros nombres curiosos para los recién nacidos de la familia

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Camilo José Cela, con chaqueta gris, creador del personaje Cojoncio, que inspiró el nombre del que iba a ser tu sobrino.

¡Hola, papá! ¿Qué tal sigue todo? Hoy estoy de ‘okupa’ en tu despacho porque aquí te siento un poco más cerca. Estoy usando tu diccionario. No aspiro a ser una purista de la lengua, aunque sé que te encantaría, pero sí a que mis escritos estén a la altura de la hija de un gran escritor.

Recordando que hoy tu sobrino Enrique cumple 47 años, me han venido a la cabeza los nombres tan originales que te gustaba poner a los recién nacidos de la familia (otra cosa es que luego el resto estuvieran de acuerdo).

Sin duda, y a pesar del trágico final del bebé, que nació muerto, el más ocurrente iba a ir destinado al primogénito de tu hermana Delia.

Cuando llegó a casa dando la noticia de que iba a ser madre, empezaste a buscar cómo llamar a la criatura y los dejaste a todos boquiabiertos, en el más amplio sentido de la palabra. Como amante de los libros y admirador de Camilo José Cela, y de su obra universal, ‘La Colmena’, querías rendirle tributo poniendo a tu sobrino Cojoncio.

Aún recuerdo la primera vez que me argumentaste el por qué de la elección. Tu decías que si el niño se llamaba Pepe, iba por la calle y tú gritabas: ¡Pepe! se daban la vuelta un montón de personas, porque era un nombre común. Y yo te contestaba que si el chaval iba por la calle y le gritabas: ¡Cojoncio! todo el mundo se iba a girar para ver quién era el desgraciado al que le había caído esa cruz.

Sea como fuere, y como ya he dicho antés, una caída de tu hermana cuando estaba en la recta final de su embarazo, hizo que el pobre Cojoncio naciera sin vida. Luego llegó Enrique que, por fortuna, heredó el nombre del abuelo.

Conmigo te pasó un poco lo mismo. Como en aquella época no se estilaba lo de las ecografías para saber el sexo del bebé, tu soñabas con que fuera varón, pero no. Te salió una ‘muchacha’. Así que también, por suerte, hoy soy Patricia, Patricia Carnero, que si no hubiera sido León Felipe, poeta de Tábara, otro de tus referentes.

Miro a la izquierda del ordenador y algo llama mi atención. Un calendario de 2019 que cogí para ti cuando estabas ingresado y un mensaje escrito en su primera página: ¡Te quiero, papá! Vuelve pronto (27 de noviembre de 2018). Lo reitero, mi amor. ¡Hasta mañana!

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