Mañanitas de chanfaina, petit choux y biorritmos alterados por el cambio horario

chanfaina

¡Hola, papá! ¿Qué tal te ha sentado el cambio de hora? A mí regular. El sueño me puede y durante unos minutos me he dejado caer en los brazos de Morfeo para mitigar mi cansancio y, un día más, el dolor de espalda, que lejos de sanar, parece ir aumentando con el paso de las semanas, a pesar de los cuidados del fisioterapeuta.

Aprovechando, según los pronósticos del tiempo, una de las últimas jornadas de sol de los próximos días, me he acercado a buscar comida a un establecimiento de catering, porque en casa no se ha vuelto a encender el fuego apenas desde que ingresaste en el hospital.

Seguro que si lo estás viendo, aún estás salivando, porque compré chanfaina, uno de los platos que más te gustaba saborear, especialmente los domingos, en Tejares, en ‘Las cuatro hermanas’, parada obligada cuando veníamos de la piscina o en cualquier momento que pasáramos por allí.

Ya sabes que a mí lo de las manitas de cordero, los callos y la sangre nunca me gustaron, pero mamá, que por fortuna sigue conservando su buen apetito, dice que está deliciosa, que es muy parecida a la que hacía ella en casa y que ahora ya no prepara por todo el jaleo de limpiar ingredientes y, sobre todo, porque sólo es para ella.

Te estoy viendo ahora mismo rebañando el plato, incluso pasando un rescaño de pan para que quedara limpio. Es imposible olvidar tu cara de satisfacción después de un buen almuerzo. Para postre, otra delicia de las tuyas, petit choux de chocolate. Y es que pese a ser diabético, algún vez que otra me gustaba ‘malcriarte’ y que te fueras a dormir la siesta saciado de felicidad.

Y al final tienen razón los que dicen que cuando haces una cosa que realmente te apetece, es ‘lo que te vas a llevar por delante’, porque la parca tiene su guadaña siempre lista y nunca sabes cuando cortará el fino hilo que nos mantiene aquí.

Ayer murió Paloma Cela. Según leí le iban a cortar una pierna y no superó una enfermedad renal causada por la diabetes y hace un momento, viendo que había pasado por el mundo, se me encogió el corazón al ver el fallecimiento de un bebé de 11 meses tras caer a una cazuela de agua hirviendo.

Por eso me encanta hablar con mi amiga, Menchu, cuyo lema de vida es ‘Carpe Diem’, y lo pone en práctica desde que se levanta hasta que se acuesta.

Bueno, papá, pues después de haberte puesto los dientes largos con la rica gastronomía charra, te dejo para que descanses y disfrutes de la tarde. En un rato empiezan las carreras de motos, esas que hasta hace unos meses eran mi pasión, y que ahora me cuesta seguir.

Cuídate mucho, mi ‘pituco’. ¡Te quiero, papá!

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