María Moliner, el mejor diccionario del castellano y el reconocimiento de Google

moliner

El ‘doodle’ que Google ha dedicado a María Moliner.

¡Hola, papá! ¿Cómo ha ido el día? Abrígate que ahora comienza a refrescar y pide una manta para taparte bien esta noche. Yo estoy aquí intentando cansar al subconsciente (como hace tu amigo Jerónimo Prieto) para que me inspire en lo más importante que tengo que hacer en los próximos días.

Si hoy te pudiera enseñar tu ordenador, te llenaría de orgullo ver que el ‘doodle’ (sí, esa palabra que tanto de porculizaba) de Google está dedicado a una mujer muy grande, María Moliner, autora de tu diccionario de referencia.

Siempre que tenías alguna duda, acudías rauda a consultar sus páginas, y nunca, nunca te fallaba. Y es que eras un purista de la lengua. Te gustaba que cada palabra fuera la precisa para dejar el texto perfecto.

A veces yo te ‘regañaba’ por ser tan exigente contigo mismo, pero ahora que estoy leyendo con calma algunas cosas, me doy cuenta de la exquisitez que desprendía tu pluma. Eras un genio de la literatura y pienso, con toda humildad, que como muchos genios, quizá un incomprendido.

Y es que a ella, autora del diccionario más completo y útil de la lengua, la misma RAE la rechazó, pero al final triunfó la evidencia y así se lo ha reconocido hasta Google con este dibujo conmemorativo.

No sabes lo que estoy luchando porque tu obra vea la luz. No te imaginas lo que estoy moviendo para que tu llama no se apague nunca. No veas la impotencia que me produce abrir tu cajón y ver en una nota aquellas novelas que tenías pensado mandar a instituciones, editoriales y concursos para que se reconociera tu trabajo. No veas lo difícil que es todo sin ti, papá.

A veces pienso que esto sólo es un mal sueño y que cualquier día volverás a casa, a tu cama, a tu silla, pero luego me doy cuenta que no. Que por desgracia la realidad es que nunca vas a retornar, que se me fue la persona más importante de mi vida y que tengo tirar hacia adelante como puedo, aunque a veces no tengo ni fuerzas ni ganas.

Nada más, cariño. No te olvides de cambiar la hora, que yo esta noche cambiaré las agujas de tu reloj para que siga marcando cada minuto de mi vida sin ti. ¡Te quiero, mi amor! ¡Siempre!

 

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