Tu primer golpe con mis guantes de boxeo, con el que casi hiciste un KO


charlie¡Hola, papá! ¿Cómo va todo? Hoy ha amanecido la mañana fresquita y otra vez me he vuelto a acordar de tu gorra y de tus guantes para resguardarte del frío.

Por aquí las cosas siguen más o menos. Mamá parece que va un poco mejor, aunque el próximo día 1 tenemos que ir al cardiólogo porque le va el corazón lento. Espero que no sea nada grave, porque la pobre lo está pasando mal con la diabetes. Su índice de glucosa baja sin avisar y me tiene realmente preocupada.

Como me he prometido a mí misma que con estas líneas que te escribo a diario para contarte mis historias o para recordar las que vivimos juntos, ¿te parece que vayamos con una de boxeo?

Al abrir el maletero de mi coche aparecieron los guantes rojos con los que yo entrenaba hace ya un par de años. Todavía estoy viendo tu cara, algo empalidecida, cuando te dije que me iba a apuntar a esta disciplina. Pero como soy muy cabezota, no pudiste hacerme desistir de la idea que ya tenía decidida desde hacía semanas.

Lógicamente, tuve que comprar mi equipación para poder empezar las clases y lo primero, como es normal, fueron las vendas para cubrir las manos y proteger los huesos y los guantes (pobre Charlie, el saco de prácticas, unos pocos se llevó, y además con ganas. Sergei, el profesor, realmente estaba sorprendido por la fuerza con la que daba y lo rápido que aprendía los movimientos).

Y tú, que eras un poco ‘culo veo culo quiero), quisiste probar cómo se sentía uno con los guantes (los míos eran rojos, como no podía ser de otra manera. Rojo pasión. Pura pasión). Te los colocaste y en ese momento sonó el interfono y apareció Marta, a la que le quisiste mostrar tus habilidades boxeadoras, pero no calculaste bien la distancia y, sin querer, le diste un golpe en toda la nariz que, por fortuna, sólo hizo que se le saltaran algunas lágrimas, pero poco más y le haces un KO.

Aunque después intenté que volvieras a saltar a la comba, eso ya fue misión imposible, bien es cierto que cuando veías el ritmo y la velocidad que alcancé, te quedabas maravillado.

Por el mundo, según Twitter, que era la forma más rápida de saber lo que pasaba por el mundo, leo que un día como hoy, en 1942, en Polonia, comenzaban las deportaciones de judíos al campo de concentración de Auschwitz y se me pone el vello de punta recordando ese capítulo de la historia que terminó con la vida de tantos y tantos inocentes, aunque luego aquel chiflado y genial actor llamado Roberto Benigni creara aquella maravillosa película titulada ‘La vida es bella’, donde logró poner un toque de humor y, sobre todo, de amor, con aquel: “Buenos días, princesa”, una frase que siempre me encantó y con la que me sorprendías de vez en cuando, poniendo la primera sonrisa de la mañana en mi cara.

Bueno, mi vida, el día se presenta largo y algo doloroso. Esta tarde tengo sesión de fisioterapeuta para ver si mejoran un poco mis molestias en la espalda que me dejan petrificada. ¡Te quiero, papá! Siempre.

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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