Un cocido para dos y un abrazo que me haga sentir que mi corazón sigue latiendo


abrazo
Tú y yo, dos gotas de agua, dos almas gemelas.

¡Hola, papá! ¿Qué tal estás? Supongo que aún riéndote de verme bailar en la clase de zumba. Yo también me río, aunque tengo agujetas hasta en las pestañas. Pero esas danzas me ayudan a liberar el estrés que acumula mi cuerpo y coordinar los movimientos también me sirve para estimular el cerebro.

Además, últimamente cuando me miro al espejo no me encuentro a gusto con mi silueta y quiero ponerme en forma, que en nada ya habrá que quitarse el abrigo y sacar los vestidos de verano, mucho menos recatados que los del gélido invierno.

¿De qué quieres que hablemos hoy? Las semanas son tan intensas, especialmente esta última, que realmente cuando llega el sábado sólo necesito un poco de relax, una dosis de sol para recuperar energía y, como ponía el otro día en mi Facebook, un abrazo tan fuerte que me rompa las costillas para ver si el corazón sigue latiendo por ahí.

Pero con todo lo que se viene encima lo del relax lo tendré que dejar para más adelante. Ya me he tumbado al sol un ratito para quitar el blanco de mi cara y de mi cuerpo y el abrazo lo sigo esperando, porque no me vale cualquiera.

Y es que después de sentir los tuyos, sinceros, eternos, desinteresados… sólo algunos me reconfortan el espíritu y despiertan todo el cariño y la sensualidad que tengo guardados, esperando el momento de poder sacarlos de mí.

Leo una y otra vez lo que escribo y me doy cuenta de que hoy la inspiración y yo debemos de estar reñidas, porque me parece que voy dando tumbos de un lado para otro sin terminar de coordinar muy bien esta historia. Quizá sea la fatiga, la presión que ahora mismo tengo dentro por todo lo que va a venir en nada, que va a ser muy hermoso para los dos, pero demasiado complejo para tu ‘truchilla’ en este momento.

¡Ay, mi amor! Casi se me olvida decirte que hoy es el ‘Día del cocido’, una solemne gilipollez, dirías tú ahora mismo, pero es lo único que me ha llamado la atención abriendo Twitter para contarte lo que ha pasado por el mundo. El último lo comiste en el hospital, ni tan siquiera te lo preparó mamá, te lo compré en un ‘catering’ cercano, porque era uno de tus platos favoritos, aunque yo protestara cada vez que se hacía en casa. Hoy encargaría uno para los dos y dejaría el plato limpio.

En mi escepticismo total sobre la existencia de algo después de la muerte (un contrasentido, ya que te escribo cada día con la esperanza de que lo leas) anhelo que donde estés te traten, por lo menos, tan bien como yo intenté hacerlo hasta que nos separaron para siempre.

Nada más por hoy, mi vida. ¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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