Jerónimo Prieto, el genio de los pinceles que dibujó los sueños del genio de la pluma

jerónimo

¡Hola, papá! ¿Qué tal llevas el calor? Hace otro día fantástico, ya de plena primavera, de brotes que comienzan a abrirse, de cigüeñas sobrevolando la terraza, de cielos de azul infinito, de atardeceres cada vez más largos… de tantas y tantas cosas fascinantes…

Y fascinada llego hoy para contarte mi mañana. He querido reconfortar mi alma yendo a visitar a uno de tus mejores amigos, Jerónimo Prieto, otro genio loco como tú, que plasmó con sus pinceles las palabras que primero soñabas y luego escribías, creando obras de arte que rozaban la perfección.

Fue una conversación larga, amena, intensa, emotiva… una conversación en la que de alguna manera estabas presente, porque tu nombre surgía de manera continuada, pero donde también aprendí que la pintura tenía que ser una palabra de género femenino porque exige lo mismo que una mujer: dedicación total y absoluta.  Y donde descubrí que la escultura está en el mármol, sólo hay que saber tallarla.

Son frases propias de un artista, de un mago que dice que se inspira cuando cansa al subconsciente. Es entonces cuando empiezan a salir de sus prodigiosas manos esas auténticas joyas en forma de lienzo.

Es entonces cuando el hombre de pelo cano y rizado, de pequeña estatura, de sonrisa infinita y, como tú, autodidacta, se transforma para en el artista. En uno de los más ilustres pintores de esta ciudad.

car nero

Aries, del 11 de abril, pero tres años mayor, se sube cada mañana y cada tarde caminando hasta su estudio del barrio San José. Allí, en uno de sus tabiques, tallados por él, hay un carnero, haciendo honor a su signo zodiacal, y un sembrador, homenaje a su padre, que sacó a su familia adelante en una cabaña de hojas, como el mismo reconoce con orgullo, sin saber que aquel niño que andaba entre ovejas y matojos se iba a convertir en lo que es hoy.

Aguarda con impaciencia el momento de coger ‘La campana de Carnaval’ en papel, porque Internet no va con él (hasta en eso como sendas gotas de agua), para cansar al subconsciente y empezar a dar forma a la portada de tu próximo ‘hijo’, que si todo va bien, nacerá en otoño y será recibido con todos los honores por mí y por toda la gente, que es más de la que te piensas, que te quería y te admiraba, aunque ahora que ya no estás, veo que tenías mucha razón cuando recordabas el epitafio de tu admirado Enrique Jardiel Poncela: “Si queréis los mejores elogios, moríos”.

Como por desgracia la muerte te ganó la partida aquel maldito 15 de diciembre, ahora soy yo la que voy a luchar hasta que caiga exhausta porque tu memoria siga más viva que nunca. Y ya sabes que a cabezota no hay quien me gane. ¿Verdad?

Bueno, mi amor, te dejo que disfrutes de la tarde. Te echo de menos cada día un poco más, si es que eso es posible. ¡Te quiero, papá!

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