El reloj que debió parar el tiempo el Día del Padre de hace casi dos décadas

reloj

El Lotus de titanio, el reloj que marcó las horas en tus últimos 19 años

¡Hola, papá! Hoy es mi primer día del Padre sin ti. Pero ¡muchas felicidades! Felicidades y gracias por haber sido el mejor progenitor del mundo. Por enseñarme todo lo que ahora sé, por inculcarme tus valores, tu educación y, especialmente, a apreciar un buen libro, un cuadro o simplemente la belleza de un atardecer a la orilla del mar.

Hoy quería darte un regalo especial, pero no ha podido ser. No sé si contrátelo o dejarlo para dentro de unos días.

Mejor voy a dejarte con la intriga. Con mi habitual torpeza de los últimos meses, hoy me volví a caer. Tengo un raspón en la rodilla y un dolor soportable en el empeine.

Hoy he ido a tu mesilla, porque allí tienes el regalo más especial que te hice ahora hace 19 años. Tu reloj de pulsera. No eras tú coleccionista de ellos. De hecho el anterior llevaba en tu muñeca ni se sabe, pero ya no te funcionaba muy bien.

Yo llevaba 9 meses trabajando en El Adelanto con un contrato fijo (benditos tiempos aquellos que se hacían contratos fijos). Pasé por una joyería que había en la Plaza del Mercado y de repente vi un Lotus que me llamó la atención. Como apenas conocía tus gustos (¿verdad?), entré a preguntar el precio. Y la verdad es que no demasiado barato. Recuerdo perfectamente que la dependienta me dijo que eran 49.950 pesetas, porque era de titanio.

El mismo modelo en acero bajaba bastante el precio, pero como siempre dije: “Padre sólo hay uno”. Así que te lo envolvieron con un papel bonito, lo metieron en la bolsa y creo que esa tarde, porque, como ya te he dicho, no puedo guardar una cosa tan especial mucho tiempo, te lo di.

Desde el primer momento te quedaste maravillado por su precisión, por lo poco que pesaba y por su diseño (un poco más moderno que el que tenías, pero manteniendo una línea clásica. Nada de extravagancias).

Siempre comentabas jocoso que tenías el mejor reloj del mundo, mientras me mirabas orgulloso diciendo que había sido un regalo mío, y luego añadías: “Cuando a los de Radio Nacional de España se les para el suyo, me llaman para pedirme la hora”.

¡Ay, papá! Qué tiempos tan bonitos. Hoy, aprovechando que es tu día, y que como febrero trajo sólo 28, lo bajaré al taller de reparación, porque él sigue marcando las horas, pero el calendario está cinco días atrasado. No te preocupes, que no volverá a pasar. Ahora seré yo quien me encargue de que siga funcionando perfecto, de que no pare el tiempo, aunque quiza debió hacerlo hace algunos meses, en alguno de esos momentos mágicos que vivimos juntos y habernos dejado allí, eternos, felices y, sobre todo, juntos.

tarta

Por si acaso te apetece, te mando un trocito de tarta con un mensaje que me encantó. Espero que pases un día muy dulce, mi vida. ¡Te quiero, papá!

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