Mañanitas por El Corrillo con don Miguel de Cervantes y su magistral pluma

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¡Hola, papá! ¿Qué tal ha empezado la semana? La mía de locura. Últimamente es un no parar, pero me viene bien despejar un poco la mente. Acabo de abrir Twitter y leo con preocupación que ha habido otro atentado terrorista en Utrech. El mundo está muy loco. Yo creo que los pocos cuerdos que quedabáis estáis por allí arriba (aquí también quedamos algunos, por supuesto)

¿Has visto el frío que hace? A tres días de la primavera luce el sol radiante en Salamanca, pero las temperaturas han bajado y el aire corta. No sabes la rabia que me da que no te llevaras contigo tus gorras. Seguro que las echarás en falta, pero aquí las miro, las cojo entre mis brazos y aún siento tu olor. Y diría que hasta tu calor.

En realidad te siento conmigo cada segundo, porque una historia de amor como la nuestra no la rompe nadie, ni la maldita muerte. Sólo nos ha separado temporalmente. De eso estoy segura, papá.

Y no veas lo bonito que es que en cada rincón, en cada cosa, en cada paso que doy, siempre tengo una imagen nuestra.

Hoy, aunque te parezca mentira, paseando por El Corrillo, recreando mi vista en las doradas piedras de la Plaza Mayor, recalé en un texto colocado en una de sus columnas, y que ni tan siquiera sé si lleva allí tiempo o es de reciente creación, porque me extraña que tú, que conocías Salamanca al dedillo, no me lo hubieras enseñado.

Era una frase que otro don Miguel, de Cervantes, había dedicado a esta ciudad y que decía así: “Advierte hija mía que estás en Salamanca, que es llamada en todo el mundo la madre de las ciencias, archivo de las habilidades, tesorera de los buenos ingenios y que de ordinario cursan en ellas y habitan diez o doce mil estudiantes, gente moza, antojadiza, arrojada, gastadora, discreta, diabólica y de humor”.

No te cuento mucho más que no sepas. Mi espalda sigue sin mejorar y mi ánimo va por días. Mañana, nuestro primer Día del Padre separados, espero tener fuerzas para poder escribirte. Si no lo hago sé que no te vas a enfadar, porque aunque este es mi pequeño homenaje para que tus amigos y la gente que ni tan siquiera te conocía sepan lo genial que eras, en mi mente y en mi corazón te tengo cada segundo.

¡Abrígate bien, que esta noche bajan las temperaturas! Y recuerda, mi vida, como siempre, y hasta la eternidad… ¡Te quiero!

 

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