Las cigüeñas, ya no tempraneras, sobrevuelan majestuosas el cielo de Salamanca

cigueña

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Por aquí todo más o menos bien. La verdad es que estoy hecha un manojo de nervios pensando en la introducción de ‘La campana del Carnaval’. Estar a tu altura va a ser complicado, aunque mis amigos coinciden en decir que no tengo por qué intentar imitar tu estilo (tampoco es lo que pretendía) y que al final saldrán en esas páginas lo que me diga mi corazón.

Hace un rato, mirando al cielo, vi sobrevolar, mejor dicho, casi hacer un vuelo rasante a una cigüeña por encima de tu terraza. Y entonces me vino a la memoria que siempre dijiste que cuando murieras, si existía algo, cosa que ninguno de los dos terminamos de creer, te gustaría reencarnarte en cigüeña. Así que por un momento cerré los ojos y te imaginé a ti, que venías a ver tu casa, a saber cómo andaba todo por tu terraza, a mirar como tus rosales siguen creciendo y se van poniendo más bonitos cada día.

A veces es bonito soñar… Volver a la realidad es más duro. Y cuando esa cigüeña, con su majestático vuelo que te dejaba completamente hechizado, se alejó, sentí que te marchabas otra vez. Y me quedé triste, pensativa…

No sé si ayer te dije que en la Feria Municipal del Libro también tendrás tu homenaje en la caseta de Víctor Jara. Estuve hablando con tu amigo Mario para ver la posibilidad de publicar algunas de esas maravillosas obras que duermen el sueño de los justos, pero fue muy sincero y me dijo que era una locura. Algo que me partió el alma, porque me encantaría que el mundo pudiera leer todo lo que tú creaste con la ilusión de que un día se plasmara en papel o fuera premiado.

Pero no te preocupes, mi amor, yo voy a seguir luchando por mantener vivo tu recuerdo fuera de estas cuatro paredes desde las que te escribo. Aunque me deje los pies y el alma, tocaré todas las puertas posibles para que tu obra vea la luz. Te lo prometo.

Creo que tampoco te conté, cambiando un poco de tema, que finalmente se van a exhumar los restos de Franco (sí, ese señor bajito que inauguraba muchos pantanos, como te gustaba decir a ti cuando te referías al dictador).

Bueno papá. Voy a seguir buscando cigüeñas. Guíame en el viaje por hacer en esta vida, porque estoy un poco perdida. ¡Te quiero, mi amor!

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