El 11-M y la hipoglucemia de mamá que nos llevó al infierno de las Urgencias


11m
Foto: lavanguardia.com

¡Hola, papá! ¿Qué tal va el día? El mío ya habrás visto que bastante complicado. El 11-M, aquella fatídica fecha en la historia de España por los brutales atentados terroristas de Madrid, ha sido hoy complicada.

A mamá le dio una hipoglucemia. Cuando me desperté, pronto por fortuna, sólo la oía chillar. Fui corriendo a la cama y la agarré fuerte del brazo, pero no abría los ojos y estaba fría. Me asusté mucho, pero al final comenzó a balbucear.

De repente volvieron a mi cabeza muchas imágenes, especialmente la del ictus que sufriste el 15 de junio y que te impedía articular palabras. Pero enseguida me acordé del azúcar. En los últimos días las glucemias le daban extremadamente bajas y hoy su cuerpo no aguantó más y casi entra en coma.

Otra vez el 112, otra vez la ambulancia, otra vez las Urgencias, otra vez las caras de las enfermeras y los médicos que te ayudaron a morir con su falta de profesionalidad, otra vez la tortura psicológica, las lágrimas, la desesperación y el miedo en la sala de espera, sola, para varias, hasta que te dan un primer informe.

Por suerte, como mamá parece que esta hecha de otra pasta, le pusieron glucosa, estuvo seis horas ingresada y ahora ya estamos en casa recuperándonos. Pero vamos, que no gano para sustos.

Pero hoy quería recordar contigo aquel terrible día en que los trenes se convirtieron en auténticas jaulas mortales, en infiernos donde los cuerpos yacían muertos, amputados, la sangre corría por los vagones, el pánico se apoderaba de cada estación y el país se sobrecogía ante la masacre de unos malnacidos.

Tú seguías la información desde casa, con cara de seria preocupación, con indignación, miedo, impotencia… No sé. Un cúmulo de sensaciones difícil de explicar cuando cientos de inocentes mueren por el fanatismo religioso. Yo recuerdo que a primera hora recibí una llamada del periódico para empezar a coger reacciones de las distintas instituciones de Salamanca.

Tenía los mismos sentimientos que tú, pero además estaba en pleno proceso de ansiedad, que llevaba acechándome meses. Después de ver tantas y tantas fotos en el ordenador mientras escribía en el ordenador, mi mente dijo basta. Arranqué a tiritar, a llorar, a tener ese pánico infinito que te causa esta enfermedad.

Un horror que hoy toda España recuerda con cientos de homenajes a las víctimas de la barbarie. ¡Ay, papá! Qué racha tan mala llevamos. Te dejo, porque estoy cansada y necesito salir a la calle a tomar un poco de aire fresco y despejar mi mente. ¡Te quiero, mi amor! ¡Cuídate mucho!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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