La primavera emergente llena de luz la ciudad y oscurece mi alma desconsolada

flores

¡Hola, papá! ¿Ya has comido? Yo no. Hoy tampoco toca. La verdad es que mi dolor de espalda me tiene petrificada en la cama desde hace un par de horas y apenas puedo moverme. Supongo que la falta de vitaminas y el no meter calorías en el cuerpo van haciendo mella en mi estado de salud, cada vez más deteriorado.

Hoy me encontré con Marga, esa chica que pasaba siempre cuando estábamos en la terraza del ‘Cava Comerón’ en la terraza y sólo decía: “Hasta luego, Patricia”. Algo que te sacaba de tus casillas, porque siempre nos enseñaste que cuando van dos personas, lo correcto es decir Patricia y compañía.

Me miró a la cara y me dijo que si estaba bien, que me veía muy desmejorada. Y evidentemente le conté que era porque tú te fuiste ya hace casi tres meses. Ya no me maquillo, tengo ojeras, los pómulos marcados y una larga lista de cosas que denotan que tu pérdida es insoportable.

En mi paseo dominical, bajo un sol espléndido, iba mirando los árboles, que ya están brotando y también los jardines, con nueva decoración floral para lucir en todo su esplendor en la primavera que ya se acerca.

Y es que malas eran las tardes de invierno en las que se hacía de noche a las seis de la tarde, pero peores son las de esta época, porque ya anochece casi a las 8, nuestra hora en la que salíamos a dar una vuelta y a tomar un vino juntos para comentar todo lo que nos había pasado durante el día.

En el verano prefiero ni pensar. Aún no he sido capaz de abrir el maletero del coche donde íbamos a la piscina, porque sé que allí está tu toalla con el dibujo de la antigua peseta y seguramente que en mi bolso haya cosas que llevaba especialmente para ti.

Anoche saltaban mis chicos locos, como yo llamo a los corredores de FMX, y tú mejor que nadie sabías de mi admiración por ‘mi australiano’ y ‘mi francés’, pero ni tan siquiera los vi. Desmotivación total se llama eso, aunque supongo que tú estarás feliz de ver que ya he dejado de seguirlos, porque en el fondo estabas un poco celoso.

Bueno, papá. Ahora empieza MotoGP. Voy a ver si mi espalda me deja disfrutar de las carreras. Mañana te cuento que hizo Valentino. Disfruta de esta soleada tarde. ¡Te quiero, mi vida!

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