Mañanitas en ‘El padre putas’, Mette y sus caldos caseros ‘muy ricos’

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¡Hola, papá! ¿Has visto que bonita mañana ha amanecido? Quedan dos semanas para que oficialmente sea primavera, pero parece que este año se ha empeñado en adelantarse. ¿Cómo hace por allí? Espero que tengas atardeceres de ensueño para recrear tus cautivadores ojos grises.

Mi espalda sigue regular. Cuando he salido a hacer la compra, me he encontrado con unos compañeros de la Caja (ahora se me ha ido el nombre) y los pinchazos han vuelto. Así que me he tenido que tumbar y ponerme calor para ver si cesa.

Poco a poco intento volver a los sitios a los que solía ir contigo, que fueron unos cuantos. Me cuesta, pero lo quiero hacer porque me gusta recordarte en lugares bonitos. Y uno tus favoritos para tomar un vino y una rica tapa de jamón ibérico era ‘El Padre Putas’.

Nada más entrar mi vista se giró hacia la mesa donde nos solíamos sentar, pegando a la ventana. Así podías ver la calle. Seguía igual. Con sus sillas de madera, su mantel amarillo, sus velas y ese cartel que pone ‘Hay caldo casero. Muy rico’, que tanta gracia te hacía.

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Enseguida se abrieron las cortinas de la cocina y apareció tu amiga Mette. Me miró con ternura e inmediatamente nos fundimos en un abrazo. No hicieron falta palabras, aunque ella sí quiso recordar que eras un hombre fantástico. Sigue como siempre, con su pelo corto y rubio, sus ojos azules y ese diente partido que, al final, le da su toque de personalidad.

Observando cada detalle, recalé en una nevera que llamó mi atención, porque allí aún guardaba las pelucas y disfraces de Carnaval que solía poner a disposición de la clientela para hacer del antruejo una fiesta para todos en su bar.

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Hace dos años nosotros tuvimos puestos esos disfraces y nos echamos unas risas, mientras Mette, festiva y divertida, inmortalizaba el momento con mi móvil, aunque ahora mismo no soy capaz de encontrar esas fotos (aún estoy bloqueada, a pesar de que intento reactivarme haciendo todas esas cosas que ya te contaré más adelante).

Fue un momento especial y por primera vez no lloré al recordarte. Siento que ya no me quedan lágrimas.

Por el mundo, te cuento. Un apagón dejó a Venezuela sin luz y Zapatero se ha comprado un chalecito de 800.000 euros, pero que valía dos millones. Como tú bien decías: “No se salva ni uno”.

Hoy también tengo motos. Así que ya puedes empezar a protestar. Aunque no te lo creas sigo oyendo tus regañinas por no comer contigo cada sábado y cada domingo que había gran premio. ¡Qué estúpida fui!

Pero bueno. Si las cosas se supieran, nadie se condenaba. Es hora de dejarte por hoy, mi amor. Recuerda, como siempre, y hasta que volvamos a vernos, ¡te quiero, papá!

 

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