‘Pintoyo’, el ‘invitado’ no esperado de la peña ‘El último’ del Carnaval de Ciudad Rodrigo

Los días de fiesta y baile en la peña ‘El último’ en el Carnaval de Ciudad Rodrigo. Tú bailando la conga.

¡Hola, papá! ¿Estás de carnavales? Espero que sí. Y que estás bailando ‘La campana gorda’ con esa maravillosa sonrisa que se te ponía en la cara que iluminaba el Casino mirobrigense cada vez que empezaban a sonar los primeros acordes.

Hoy se me vienen tantos y tantos recuerdos a la cabeza. Fueron más de 20 años viajando cada día hasta Ciudad Rodrigo para vivir esa fiesta única. Y la verdad es que nos pasó de todo. Éramos los auténticos ‘supervivientes’.

Seguro que te estás acordando de nuestra peña, ‘El último’, en la calle Madrid, y cuyo lema era el único que cierre la puerta antes de que pasara el encierro. Pero un día apuraron demasiado y el toro se coló en el portal. Tú, no sé si valiente o inconsciente, estabas en la planta baja, yo, que tenía más miedo que vergüenza, ya estaba sentada en el rellano de la primera de las dos plantas de la casa.

Creo que aún nos retumban los oídos cuando el morlaco, de nombre ‘Pintoyo’ arrancó la puerta de cuajo en aquel espacio hueco. Yo comencé a subir escaleras a más velocidad que el mismísimo Usain Bolt. Llegué al segundo piso y me di cuenta de que ya no había más. Volví a bajar y toqué el timbre del domicilio para que me abrieran por si acaso el animal, completamente encelado, también se atrevía con los peldaños.

Por mi cabeza sólo pasaba dónde estarías tú. Estaba desencajada por el miedo de aquel toro de 500 kilos y por saber tu paradero. Finalmente lograron sacarlo a la calle y aunque rompió la enorme mesa donde tomábamos los más exquisitos aperitivos a base de viandas típicas de la tierra y con los caldos calentitos que nos preparaba Ana, la anfitriona, no hubo que lamentar nada más. Por fortuna en aquel momento sólo estábamos cuatro personas allí.

Una hora después, cuando llegaba la hora del ‘papeo’, como tu decías, hubiera sido una auténtica sangría. Pero al final bajé y nos fundimos en un enorme abrazo, al tiempo que recibiste una buena regañina por ‘kamikaze’ e inconsciente. Creo que los dos estuvimos algunos días sin dormir del susto. Eso sí, luego íbamos por la calle y todo el mundo preguntaba que si éramos nosotros los del portal. Y a ti te encantaba contar la hazaña.

La lástima es que en aquella época no existían los móviles para tener ahora guardadas esas fotos de aquel momento. Pero las llevamos en nuestra cabeza, en nuestro corazón…

¡Feliz sábado de Carnaval, papá! ¡Te quiero!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s