Un brindis por tu libro y un Carnaval sin pregonero


Cava para brindar por el libro que pronto verá la luz desde el maravilloso enclave de ‘La barra de Gonzalo’

¡Hola, papá! ¿Sigues contento? Yo también. Ayer por la noche, después de casi cinco meses, fue la primera vez que salí porque tenía algo que celebrar. No fue lo mismo sin ti, pero bueno, cuando miraba hacia la Plaza Mayor desde La barra de Gonzalo, te veía reflejado en el cristal, sonriendo, quizá con un poco de nostalgia en esos maravillosos ojos grises que desde hace tres meses también guardan los míos.

Los callos de ‘La barra de Gonzalo’. Un manjar de dioses.

Lógicamente hubo brindis con cava y, por fin, mamá probó los que yo te decía que eran los mejores callos del mundo. ¡Como hubieras disfrutado! Tenían una pinta exquisita y un olor… Seguro que salivabas desde donde estés.

Me puse guapa, dentro de lo que cabe, porque ahora me cuesta bastante más que cuando salíamos a tomar nuestros vinos, le di un toque de color a mis labios y no me puse mucho rimel por si acaso las lágrimas empezaban a brotar. Aunque no. Creo que ayer la felicidad interior superaba a la tristeza.

Ahora espero que me guíes, igual que lo haces cuando escribo cada día, para darme una idea de cómo quieres que sea tu portada. Todavía tengo la mente un poco bloqueada y tengo que buscar fotos de aquellas maravillosas jornadas carnavaleras con nuestra panda de la peña ‘El último’.

José Pinto, pregonero mayor del Carnaval, fallecido a dos días de pronunciarlo.

Este año el Carnaval mirobrigense no ha empezado demasiado bien. El encargado de dar el pregón ‘grande’, José Pinto, un ganadero que se hizo famoso por participar en varios concursos televisivos, murió de repente ayer y el alcalde, mi compañero de faenas en ‘El Adelanto’, Juan Tomás Muñoz, ha decidido suspender ese acto.

Cuántas veces soñaste con ser tú quien diera la bienvenida en ese Teatro Nuevo a una de las fiestas que más disfrutaste desde bien joven.

Pero bueno, al final tú y yo, sólo tú y yo, tuvimos el privilegio de ser pregoneros en Miróbriga en la asociación cultural ‘El Porvenir’. Por una vez, y sin que sirviera de precedente, te tomé la delantera y me eligieron a mi primero para tan gran privilegio.

Eso sí, conté con la inestimable ayuda de tu exquisita pluma. Nunca olvidaré la imagen en la que yo estaba en el escenario, nerviosa, con 120 pulsaciones al minuto, y tú desde abajo, mirándome embelesado desde tu silla, me hacías gestos con las manos para que leyera pausado, despacio.

Fue misión imposible. La verdad es que lo de hablar rápido es algo que nadie ha logrado corregirme. Y como de un pregón, como si de una boda se tratara, luego salió otro: el tuyo. Inolvidable, mágico, cautivador, hechizante, perfecto… como cada cosa que escribías con ese don que te dieron para la literatura.

Este año cuando suene ‘La Campana Gorda’ en el Casino, esa que tantas veces bailamos mientras nos tomábamos un aperitivo ‘light’ de Martini Blanco con ginebra, la canción comenzará con el ‘Ya estamos todos aquí’, pero no, no estarán todos. Faltarás tú, papá. Y yo también. Porque ya hace años que nos daba algo de pereza.

Pero en mi cabeza tengo mil y una anécdotas para contar, con las que pasamos risas y algún que otro rato de miedo durante los encierros y que me voy a guardar para narrarlas con todo lujo de detalles en estos próximos días de bullicio, jolgorio, música y diversión en las calles mirobrigenses.

Como cada día, y por si acaso se te olvida, te recuerdo lo de siempre. ¡Te quiero, papá!

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