El ‘Tejerazo’, el tabaco y los discos que desaparecieron por unas horas


Antonio Tejero, en el Congreso de los Diputados, el 23 de febrero de 1981 (foto El País)

¡Hola, papá! ¿Cómo sigues? Supongo que disfrutando de esta primavera anticipada que va a estar otra semana más. Con lo friolero que eras, estarás encantado de ponerte un rato al sol desde tu terraza particular ahí arriba.

Hoy es 23-F, el día del ‘Tejerazo’, como tú mismo lo calificaste. Y quiero recordar con todos aquellos que leen la manera en la que vivimos aquella jornada.

A pesar de que han pasado la friolera de 38 años, me fluyen perfectamente las imágenes de aquella jornada. Era por la tarde, no había colegio o no habíamos ido porque Marta estaba con algo de fiebre y en el salón estaba puesta la radio, como casi siempre hacías a las horas en punto para enterarte de las noticias.

De repente se interrumpió la programación y comenzó a sonar música militar. Y entonces rápidamente pusiste la tele. Tampoco había emisiones. Sólo la carta de ajuste y más música militar.

Empecé a notar en ti un gesto de preocupación y a oír por primera vez en mi vida la palabra golpe de estado. No tenía ni idea de lo que era, pero tu manera de actuar me decía que algo no iba bien.

Estaba en casa una amiga jugando y su hermano apareció corriendo a recogerla. Las tías se presentaron de repente y fue ese momento en que tú aprovechaste para bajar corriendo al estanco a hacer acopio de tabaco, pues era la época en que fumabas dos cajetillas diarias.

Como siempre, tú intentabas tranquilizarme e intentaste explicarme de la forma más sencilla posible y comprensible para una niña de 8 años el por qué de aquel alboroto. Me dijiste que un militar había entrado en el Congreso de los Diputados cuando se estaba votando al que iba a ser nuevo presidente del país y que la intención de ese asalto era hacerse con el poder.

Te pregunté que si era algo malo, pero creo que no me quisiste asustar más. Con el tiempo me di cuenta de que aquello podía haber sido algo realmente grave.

No había noticias por ninguna parte. La música militar seguía sonando, tú fumabas con el gesto preocupado mientras que buscabas un lugar seguro para guardar algunos discos de cantautores reivindicativos, que sabías que te podían costar hasta la vida si aquello se consumaba.

Mi miedo iba creciendo cuando me asomé a la terraza y vi las calles vacías. Sólo pasaban tanques y tanques, que hacían un ruido que aún hoy llevo clavado en mis oídos.

La música militar en la radio fue dejando paso a algunas primeras y confusas informaciones, momento que aprovechaste para acompañar a tía a su trabajo al hospital. Eras muy valiente, papá. Mientras en casa nos quedamos esperando ansiosas y preocupadas tu vuelta.

Recuerdo que fue una noche larga, muy larga. También como Manuel Fraga gritaba que quería irse del Congreso y de aquella famosa frase “Quieto todo el mundo”, con la que Antonio Tejero irrumpió en el hemiciclo mientras que otras militares disparaban al techo para amedrentar a los diputados.

Todos se tiraron al suelo menos dos: Antonio Gutiérrez Mellado y Adolfo Suárez, que no dudó en poner su vida en juego para defender a su compañero cuando los golpistas le zarandearon para intentar tirarlo al suelo.

Poco a poco, pero ya de madrugada, y aunque me llevaste a la cama como cualquier otra noche, oía tu conversación con mamá y, por fin, la música militar cesó para dar paso al discurso del Rey donde decía que el intento de golpe de estado había fracasado.

Te fuiste a la cama tarde, cansado, exhausto por la preocupación de esas largas horas. Mamá y yo salimos por la mañana, tampoco hubo colegio ese día, y le dejaste encargado que te comprara ‘La Vanguardia’ y ‘El País’. Querías conocer los distintos puntos de vista de la prensa y conocer al detalle lo que había ocurrido para luego poder hablar con conocimiento de causa sobre lo que había pasado en una jornada que forma parte de la historia de España y que después nos contaste con detalle para que supiéramos lo que había pasado y también poder hablar de ello, valorar la libertad, la democracia… Qué fortuna haber tenido un padre como tú, siempre queriendo que fuera una hija que supiera de casi todo, menos de fútbol, pero como no nos gustaba a ninguno de los dos, no había mucho problema.

Voy a terminar diciéndote algo que seguro que te va a enorgullecer. La poca gente que todavía conoce el blog, me dice que escribo bonito. Yo sé que como tú no lo hacía nadie, pero me gusta. ¡Te quiero, papá!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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