Ochenta años sin San Antonio Machado y mi primera gripe sin tus cuidados

La tumba de ‘San Antonio Machado’, en Colliure

¡Hola, papá! ¿Cómo va todo? Espero que mejor que por aquí. Desde que te fuiste todo el mundo me dice que sobre todo el primer año voy a pasar días malos: tu cumpleaños, San Ignacio, el Día del Padre… Pero hoy no es ninguna festividad especial y también te echo de menos.

Tu muerte minó mi apetito y creo que también mis defensas y ahora mismo te escribo con casi 38 de fiebre y, como bien sabes, un dolor de tobillos impresionante (que nadie piense que estoy loca, pero desde niña a medida que mi temperatura corporal aumenta, esas articulaciones se convierten en auténticas losas de plomo que me dejan exhausta).

Y estoy aquí, en mi cama, con tu ordenador, pensando en cuando venías a ponerme el termómetro, te sentabas junto a mí y pasábamos este rato tan malo juntos, charlando de cualquier cosa, y tú constantemente pendiente de si necesitaba algo, lo que fuera. Por suerte nunca necesité nada más que un par de antigripales y unos reconfortantes besos para al día siguiente estar como nueva, pero hoy sólo tengo una caja con pastillas para quitar la fiebre y una botella de agua para no deshidratarme. Miro la puerta de mi habitación sabiendo que ya nadie va a venir a sentarse en mi cama para ver si sigo mejor y te puedo prometer que no hay consuelo.

Pero vamos a cambiar de tema. La gripe se pasará y quizá mañana esté ya recuperada. Estoy segura de que no hace falta que te recuerde que hoy hace 80 años que falleció San Antonio Machado, como tú le llamabas. Y sé que en ese calendario con anillas que está en tu despacho, si tuviera valor para ir pasando páginas, lo tendrías apuntado entre las fechas importantes, pero la última vez que lo consultaste fue el 6 de octubre y desde entonces he decidido dejar parado el tiempo ahí.

Por un día, Twitter te hubiera encantado. Tu admirado escritor lleva siendo tema del momento todo el día. Y la gente lo está recordando con el hashtag #Machadoenuntuit. Cada uno va colgando una frase o un párrafo de ese legado, también eterno, que dejó a la humanidad.

Y aunque no te lo creas, el primero que me ha aparecido, ha sido uno que tú solías utilizar con frecuencia, porque realmente lo pensabas así. “En España, de cada diez cabeza nueve embisten y una piensa”. De repente te he imaginado pronunciándola y una tímida sonrisa se ha dibujado en mi cara, ahora siempre con ojeras, la mirada perdida y una lágrima asomando.

Después, he seguido leyendo y he encontrado esta otra que te encantaba recitar, de memoria, por supuesto, porque para ti Machado era un referente, y con la que hoy quiero cerrar este post:

“Caminante, son tus huellas el camino y nada más; caminante no hay camino, se hace camino al andar. Al andar se hace el camino y al volver la vista atrás se ve la senda que nunca se ha de volver a pisar. Caminante no hay camino sino estelas en la mar”.

¡Te quiero, papá!

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