El empleado rebelde que duró un día atendiendo clientes en su primer trabajo


¡Hola, papá! ¿Qué tal va todo? Por tu casa pocas novedades. Los rosales siguen brotando y ya tengo ganas de que empiecen a echar flores. Por tu Salamanca querida las cosas también están tranquilas. No tanto en España, donde Pedro Sánchez ha publicado ya su libro (no te dés muchos cabezazos contra las paredes) y un tal Palomo Linares, hijo de su padre, también se dedica ahora a juntar letras.

El panorama político está calentito y ayer Pablo Casado invitó al presidente del Gobierno a ir embalando su colchón, que por lo visto fue lo primero que hizo cuando llegó a la Moncloa para que no se le pegara nada de Rajoy. ¡Qué país!, como dirías tú.

Después de ayer, donde mi pena me llevó a escribir una entrada demasiado bucólica, hoy quiero que los que me leen conozcan de nuevo tus cosas más divertidas. Y como cada día, siempre brotan cuando voy de paseo matinal para intentar despejar un poco la cabeza.

Pasaba yo por Unicaja, lo que antes era la Caja de Ahorros y Monte de Piedad de Salamanca y no pude menos que acordarme de ti, pero con una sonrisa, como la que se te ponía cuando contabas a la gente una de tus primeras experiencias como trabajador de una entidad que si ya era irreconocible desde hace años, no te puedes imaginar cómo está ahora.

Cuando comenzaste a trabajar, el director decidió ponerte en ventanilla para que atendieras al público, pero no se dio cuenta de que por aquel entonces eras un hombre serio, me atrevería a decir que poco simpático.

Así que llegó uno de tus primeros clientes y supongo que sería de estos señores que van al banco a pasar la mañana (lo justo para ti). En un momento determinado sé que terminó con tu paciencia y no le contestaste de la forma políticamente correcta. El señor, indignado, te dijo que quería hablar ahora mismo con el director. Quizá se pensó que te iba a asustar o algo así, pero tú, con ese carácter tan fuerte, y sin que te temblara la voz, le indicaste: “Primera puerta a la derecha”.

Lógicamente que fue para allá a comentar el altercado. Al día siguiente pasaste al departamento de personal. Y allí estuviste muchos años, casi hasta la jubilación, en el que te encargaron escribir la ‘Historia de Caja Duero’ y te sentiste pleno, porque todos sabemos que trabajar en banca fue la manera de mantener holgadamente a tu familia, pero lo que siempre te gustó fue la literatura, un camino que te forjaste tú solo a base de mucho leer y de horas en tu máquina de escribir. Autodidacta, meticuloso, cautivador y con tanta garra que llegaste a la final del premio Planeta.

¡Qué orgullo de padre! Nada más por hoy, cariño. ¡Te quiero!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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