Augusto Pimenta y el loco viaje a Gandía pasando por Cascais


La ‘Boca do Inferno’, en Cascais

¡Hola, papá! ¿Cómo estás? Supongo que igual ya te has encontrado con él por ahí arriba, pero ayer murió tu amigo Augusto Pimenta, cónsul honorario de Portugal. Tenía 88 años, unos cuantos más que tú. Me enteré a última hora de la noche y pensé que, por desgracia, cada vez sois más los que os vais.

Hay días que da miedo abrir el periódico, porque a medida que pasan la vida, vas viendo como se marcha la gente que quieres, que aprecias o que simplemente conoces.

Lógicamente al ver su esquela, no pude por menos que acordarme de unas de las vacaciones más locas de la familia Carnero. Tú, enamorado siempre del mar y de los paisajes hermosos, cautivadores, hechizantes, de aquellos que pudieran inspirar tu espíritu para después plasmarlo en algún cuento, novela o artículo de prensa, decidiste que el verano de 1988 lo íbamos a pasar en Cascais, porque había visto la ‘Boca do Inferno‘ y te había maravillado.

Así que hicimos las maletas para disfrutar en tierras lusas y de madrugada, no recuerdo muy bien el día de julio que era, nos montamos en un tren destino Lisboa.

¡Qué viaje, papá! Largo, cansado y con aquel pobre señor al que le habían robado la cartera y abría una y otra vez los compartimentos del vagón para ver si los encontraba, a la par que daba voces de desesperación.

Cuando por fin llegamos a la estación, allí estaba tu amigo Augusto, con un Mercedes impecable, dispuesto a acercarnos a nuestro destino final. El trayecto fue de locos. Recuerdo a mamá completamente mareada por las rotondas y los frenazos y con el único miedo de no manchar el impoluto vehículo.

Como nunca eras de los que te gustaba ir con todo reservado, fue el propio Augusto quien nos cogió un apartahotel en Cascais. Bastante alejado de la playa y más cuando vas sin transporte privado.

Decidimos bajar a comer andando y terminamos en un chiringuito donde el cartel colgante del menú amenazaba nuestras cabezas y después subimos a dormir la siesta.

Ya por la noche, son el salón del alojamiento repleto de gente apoyando a la selección portuguesa, porque había una competición importante, Marta y yo preferimos quedarnos en la habitación y pedir algo al servicio de habitaciones.

Mamá y tú salisteis a dar un paseo a ver si podías tomar un vino o una copa, como cada día hacíais en Salamanca. No tardastéis mucho en regresar. Y cuando llegaste a nuestra habitación, dijiste.”Este sitio no me gusta. Hemos pasado por una agencia que anuncia viajes a Gandía, (donde habíamos estado el año anterior), y mañana a primera hora nos vamos para allí,

A primera hora el bueno de Augusto estaba ya en la puerta con su Mercedes para llevarnos de nuevo a la estación de tren. Y de allí hicimos un primer trasbordo Lisboa-Madrid, luego Madrid-Valencia y finalmente Valencia-Gandía. 24 horas de regreso a ese destino mediterráneo donde estaba ‘Kissi’, una preciosa perrita blanca, que en cuanto te olió comenzó a ladrar y a dar brincos de alegría, aunque habían pasado 12 meses.

Por suerte, allí te encontrabas como en casa. Sólo fue accidentado el inicio de las vacaciones, pero luego te encantaba contarle a la gente que tú habías sido el único que había viajado a Gandía pasando por Lisboa.

Por cierto, acabo de salir a ver tus rosales. Algunos ya tienen brotes y en unas semanas empezarán a llenarse de hojas y luego de esas hermosas flores que le ponen un toque de luz a la terraza.

¡Qué cabeza la mía! Se me olvidó comentarte que hay un nuevo académico en la RAE. Carlos García Gual ocupa el sillón J, vacante desde la muerte de Francisco Nieva en 2016.

Bueno, papá, espero no tener que contarte muchas más noticias como las de hoy, aunque al final seguro que te estás riendo acordándote de aquel loco viaje. Te dejo mi vida. ¡Te quiero infinito!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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