Mañanitas en el campo San Francisco entre versos de Becquer


Mañana del 17 de febrero en el campo de San Francisco

¡Hola, papá! ¿Cómo sigues? Aprovecha el solecito de hoy, que nuestro barómetro aneroide ya tiene la aguja en dirección a lluvia y parece que mañana el invierno va a volver a hacer su aparición después de esta pequeña tregua.

Y como hoy es domingo, y los días se hacen eternos sin tu presencia, decidí ir al campo de San Francisco, un lugar bucólico, romántico, silencioso, rodeado de naturaleza y donde uno puede estar rodeado de una calma difícil de encontrar en la ciudad. Además a esas horas mucha gente aún duerme, porque es su día de descanso o porque la noche fue larga e intensa.

Se me hace muy extraño ir allí sin llevarte cogido del brazo, o sin que el tuyo rodeara mi hombro, a la vez que se te escapaba algún beso. Los niños jugaban en el parque en el que tantas veces de pequeña yo también jugué. Felices balanceándose en su columpio, mientras mi mente se trasladaba a mi infancia, una etapa de mi vida que no se puede olvidar cuando has tenido un padre que se ha encargado de que fuera única, especial y donde además de tiempo para la diversión, también lo había para los paseos culturales y para que conociéramos cada uno de los rincones de tu amada Salamanca.

Por eso fui allí. Para contarte que en el campo San Francisco todo sigue prácticamente igual. Parece que el tiempo se hubiera parado hace muchos años. Los bancos de piedra, los árboles enormes y me atrevería a decir que centenarios, las enormes sombras para refugiarse del sol en los días de verano. Todo. Sólo faltabas tú.

Así que aprovechando la generosidad del astro rey, me senté un rato en uno de esos bancos y cogí mi móvil para ver lo que había pasado por el mundo. Entonces encontré que se conmemoraban los 183 años del nacimiento de uno de tus referentes literarios: Gustavo Adolfo Bécquer, cuyos libros ocupan un lugar especial en las estanterías de casa.

Y pensé que era el sitio perfecto y el momento perfecto para recordar alguna de sus ‘Rimas y leyendas’ y rememorar una frase que ya dudo si te encajaba a la perfección, porque aunque siempre fuiste un bohemio, soñador y excepcional escritor, sabías de sobra que la literatura hoy en día es un negocio, puro interés, donde, salvo excepciones, lógicamente, lo que prima son las obras escritas por autores anónimos que firman otros de ‘reconocido’ prestigio, plagios descarados, que no hace falta que te recuerde o juntaletras de medio pelo que salen en televisión.

Pero quiero recordar esa frase, que Bécquer dijo cuando ya agonizaba, porque si hubieras sido contemporáneo, quizá hubiera salido de tu boca: “Si es posible publicad mis versos. Tengo el presentimiento de que muerto seré más y mejor conocido que vivo”.

Otro genio, como tú. ¡Te quiero, papá!

P.D: Seguro que te hubiera gustado más una foto en la que se viera mi cara, pero la luz de mi mirada se apagó el 15 de diciembre y sólo brillan cuando las lágrimas comienzan a brotar. Estoy luchando por recuperarla, pero dame un poco de tiempo, mi amor.

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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