Los platos de cuchara de mamá y el ‘bendito’ pollo asado

¡Hola, papá! Qué difícil es la vida sin ti. No te lo puedes imaginar. Perdona. Hoy no te he preguntado que cómo va todo por allí. Supongo que bien. Allí tendrás una panda de amigos con quien podrás tomarte un vino y un buen plato de cuchara, de esos que mamá te preparaba y tú te rechupeteabas los dedos.

Lo que te gustaba un buen cocido, un potaje (como el de la foto), unas alubias ‘pedorreras’, un arroz caldoso… Aún te imagino sentado en tu silla del salón esperando a que llegaran las dos de la tarde para saciar tu apetito.

Éramos los dos iguales en muchos de nuestros gustos o no gustos culinarios. Es imposible pasar por una tienda de pollos asados y no pensar en ti. Y en la que montábamos en casa cuando mamá y Marta querían comer ese ‘delicioso’ manjar que nos ponía el estómago del revés. Tú empezabas con tus arcadas y yo directamente ese día prefería hacer ayuno por lo menos hasta la merienda.

Y es que lo de comer con la cabeza nunca fue bueno, pero lo nuestro no tenía remedio. Nos pasaba exactamente si un día teníamos que hacer recados en el mercado y pasábamos por el mercado. Prohibido mirar si no queríamos pasar un mal rato.

¿Recuerdas nuestro viaje relámpago a Tanger? Este lo contaré otro día con más calma, porque fue de lo más divertido. Sólo recuerdo cuando el guía dijo que íbamos a uno de los lugares más típicos de la bonita ciudad marroquí. Y nada más entrar, y comenzar a ver las vacas, muchas de ellas cubiertas de moscas, cerraste los ojos, te agarraste a mí espalda y me pedista que te guiara (cual lazarillo) hasta la salida.

Lo mejor es que cuando llegamos al restaurante, nos tenían de menú pincho moruno y entonces fue el no va más. Menos mal que coincidimos con un amigo de estómago agradecido que se comió lo suyo y lo nuestro. Te quedaste con tanta hambre que al final te bebiste hasta la infusión. Y eso sí que me dejó alucinada, porque jamás te gustó ni eso ni el café.

Aquí estamos disfrutando de una primavera anticipada, que parece que termina el lunes, un sol que está dando vida a tus rosales y que hace los días tristes un poco más llevaderos. ¡Te quiero, papá! ¡Buen apetito!

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