Los rosales marchitos que revivieron en el día del amor


¡Hola, papá! ¡Feliz día de los enamorados! Aunque para nosotros San Valentín era siempre. Y es que hay muchas clases de amor. Uno se puede enamorar de una flor, de una canción, de un vestido, de un paisaje, de un libro o de unos ojos.

Lo único que he tenido claro después de muchas experiencias fracasadas intentando encontrar al ‘príncipe azul’ es que el amor verdadero, sin fisuras, sin interés, el que se sin esperar nada a cambio es el que te dan tus padres. Y en tu caso y el mío, Cupido lanzó la flecha y dio de pleno en nuestro corazón.

Como tú decías siempre que San Valentín era el día del comercio, porque todo el mundo se vuelve loco buscando algo que regalar a sus parejas, yo, en este primer año que nos toca vivirlo por separado, he querido darte una sorpresa especial.

Seguro que no hace falta que te la cuente, porque la habrás estado viendo y te estarás riendo todavía. La terraza de casa siempre fue tu paraíso. Allí plantaste muchos rosales para que en verano las flores le pusieran un toque de color a ese lugar en el que nunca te cansabas de salir si asomaba un rayo de sol.

El año pasado, por pereza, y porque es cierto que tus piernas no estaban al cien por cien, los dejaste sin podar. A pesar de todo, las rosas siguieron brotando. Y cada primavera, cuando salía la primera, la cortabas y me la llevabas a mi habitación. Y yo te abrazaba con fuerza y te decía, como siempre, te quiero.

Bueno, pues esta mañana, complicada sin el amor de mi vida, y con la chica nueva que nos ayuda en las tareas domésticas, te he podado tus rosales, Ahora, como verás en la foto, están un poco feos, pero en unas pocas semanas comenzarán a echar brotes y cuando llegue mayo seré yo la que corte esa primera rosa y te la regale a ti.

Mi inexperiencia y mi torpeza a la hora de realizar estos trabajos de jardinería han dejado mis manos con más de alguna marca de los pinchos de tus plantas y tengo agujetas de limpiar la maleza que había crecido en la tierra. Pero aún así, pelones, lucen de otra forma.

Ahora sólo hay que ponerles un poco de cariño y regarlos con frecuencia para que este trabajo no haya sido en vano,.

También imagino que no te habrás olvidado que el año pasado, justamente hoy, fue tu esperado reencuentro con el primer mar, el de Deba, y que cuando llegamos al hotel Londres, en San Sebastián, nos habían dejado encima de las camas unos paraguas y unas chocolatinas con corazones que aún conservo.

Qué último San Valentín tan mágico vivimos, papá. El que te merecías. El que sólo pueden disfrutar como disfrutamos dos personas que saben lo que es al amor verdadero, el amor de un padre a una hija y viceversa.

Aunque ya no estés a mi lado mi corazón sigue latiendo con la misma fuerza cuando veo nuestras fotos. Pero no hay besos, no hay abrazos y no hay ojos grises que me miren embelesado y me digan ‘qué ojones tienes’.

¡Ay, papá! Qué difícil es esto. Por un parte tengo la satisfacción de que ese día 14 de febrero de 2018 estuvieras en el lugar donde siempre fuiste feliz, pero por otra te echo tanto de menos… Voy a cuidar de esas plantas para que nunca vuelvan a marchitarse, para que den las rosas más hermosas y para que tú veas tu terraza más bonita que nunca. ¡Te quiero, papá! Hoy y siempre.

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