El niño de rizos dorados que rompía los huevos por el pasillo


¡Hola, papá! ¿Qué tal va todo? Por aquí otra vez disfrutando de un día casi primaveral en la que por primera vez he vuelto a bajar al Clínico para pedir el último informe médico sobre tu estancia allí.

Ahora mismo, preparando la medicación de mamá, me he vuelto a encontrar con la que era tu foto favorita. Una en la que apenas tenías un año, el pelo lleno de bucles dorados y unos ojos enormes. De tu mano llevabas un peluche y siempre que la veías comentabas lo mismo: “No me digas que no el niño más guapo del mundo”, a lo que yo respondía afirmativamente con una sonrisa.

Realmente eras un niño adorable, aunque por lo que me contaste algo travieso. Como llegaste extraviado, pues te sacabas 10 años con Ángel, el tercero de los cuatro hermanos, te convertiste en el auténtico terremoto de la casa. Supongo que además malcriado por el resto de la familia.

Entre nuestras miles de conversaciones, alguna vez solías hablar de tu niñez, y por lo visto eras un pieza de cuidado. Alguna mañana de estas que estarías aburrido en casa, no se te ocurrió otra cosa que abrir la nevera.

Encontraste el ‘juguete’ perfecto para matar el rato: una docena de huevos. Y por circunstancias de la vida, un martillo. Así que no te lo pensaste dos veces. Fuiste distribuyéndolos por el pasillo según mejor te parecía y al mismo tiempo que los colocabas, le dabas un martillazo.

Puedo imaginar la cara de la abuela cuando viera el desaguisado. Y más teniendo en cuenta que no eráis una familia de grandes recursos económicos, sino más bien humilde.

Nunca me lo llegaste a confirmar, pero supongo que tu madre, Crispina Piedad (sí, sí, seguro que muchos cuando lo lean piensan que se trata de un error tipográfico, pero ése era el verdadero nombre de la abuela) te pondría un buen castigo o te echaría una buena regañina, pero la felicidad del momento no te la quitó nadie. ¡Qué trasto eras, fuiste y lo sigues siendo! Porque hay veces que estoy en casa y se me cae algo o se rompe cualquier cosa y directamente pienso que has sido tú el culpable.

Por cierto, aunque te dije que no iba a hablar mucho de política, pero que el país estaba un poco revuelto, en principio habrá elecciones generales el 14 de abril, el día de la República, el día de tu uña pintada de rojo, morado y amarillo, que este año me pintaré yo.

Bueno papá. Te dejo. Es hora de ir al gimnasio a pasar un rato con los amigos e intentar olvidar por unos minutos la pena inmensa de saber que no estás. Gracias por abrirme los ojos sólo hace unos minutos con eso que sólo tú y yo sabemos. ¡Te quiero infinito

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