Tus ojos grises, los del color de mar en invierno


Hola, papá. ¿Qué tal va todo? Hoy es el día de las Águedas, ese que tanto criticabas a la par que reivindicabas, entre comillas, que cuando los hombres tendrían también un día para irse de comida o cena con los casados y luego de fiesta hasta las tantas de la noche. Y es que eras un rebelde con causa.

El otro día, mirando en Internet el título definitivo de este blog, porque quiero que se identifique plenamente contigo, encontré algo que me sorprendió, gratamente, además.

Si hay algo que llamaba la atención en cuanto te fijabas en tu cara, y creo que ya me repito, era el color de tus ojos. Y mira lo que me encontre: “Dicen que los ojos grises tienen el color del mar en invierno, del plúmbeo atardecer en los países norteños. Que es la mirada de las personas soñadoras que miran el mundo con un halo de sutil recogimiento, melancolía y enorme curiosidad. La poesía dice mucho de los ojos grises, no obstante, se sabe que no son muy comunes. Si es tu caso, si tu mirada deslumbra con este matiz especial, habrá instantes en que muchos te digan que tienes el iris del ojo azul y no gris. Otros, en cambio, te dirán que en efecto, que tu mirada tiene la tonalidad de las piedras relucientes de los ríos, o de esas canicas mágicas con las que muchos jugábamos de niños”.

Cuando leí lo del mar en invierno recordé que quizás por eso te hechizaba mirar al mar, como en la imagen que ilustra este texto, te encantaban los atardeceres, como a mí si estabas a mi lado, y es verdad que tu ojos escondían un toque melancólico, yo añadiría que bohemio, y que eras tremendamente curioso.

Y para mí, además de saber de sobra que no eran comunes, eran los más bonitos del mundo. Tenían algo de la genética de la abuela. Por desgracia yo los saqué con un tono miel verdoso, que nada tienen que ver con los tuyos. Bueno sí. Son igual de grandes y ahora también esconden un toque de melancolía. Lucen apagados, sin brillo, porque las lágrimas por saber que aunque te siento a mi lado cada minuto del día, ya no estás.

Pero me he prometido a mí misma que este sea un lugar para recordar muchos buenos momentos, si bien es cierto que es inevitable que algunos días me cueste o prefiera contarte cosas como ésta.

Bueno, papá, por el mundo las cosas siguen poco más o menos. Ya sabes como te digo, porque cambiarlo es difícil. Te dejo, mi vida, que disfrutes del solito que hoy también hace que parezca más una mañana primaveral que de invierno. ¡No veas cómo se notan ya los minutos al amanecer y al anochecer! Un beso infinito. ¡Te quiero!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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