Los arco iris de Mariko que ponen color a cada día sin ti


¡Hola, papá! ¿Cómo sigue todo por allí? Aquí vamos poco a poco superando el dolor, que no el olvido, gracias al recuerdo maravilloso que tiene de ti la gente y las numerosas muestras de cariño que estamos recibiendo de personas esperadas y otras que logran sorprenderte.

Mariko, tu ‘hija’ japonesa, va a venir a verte en marzo. Como nadie esperaba ese desenlace tan rápido, ni tan siquiera quise preocuparla diciéndole que estabas malo. Fue tu última noche, cuando ya te quedaban horas para el adiós definitivo cuando Marta se dio cuenta de que no le habíamos dicho nada.

Le escribimos y sólo le dijimos que estabas muy malito para no disgustarla mucho. Inmediatamente se puso a buscar niñera para que se quedara con sus dos hijos y venir a estar a tu lado, pero sabiendo lo lejos que está Japón, no quedó otra que decirle la verdad, que tu muerte era cuestión de horas y que no iba a llegar ni a velarte.

Ella, guapísima como siempre, escribe muchos días para expresar su tristeza, porque tú también eres su ‘papá’ y nos envía fotos maravillosas de estos días en Hawai. Imágenes y vídeos de unos arco iris cautivadores, de esos que te dejarían con la boca abierta. Yo creo que ella, igual que yo, te imaginamos allí sentado, rodeado de luz y de color, porque desprendías y desprendes mucha luz en mi vida.

No te voy a decir que no se me saltan las lágrimas, aunque cada día intento cambiarlas por sonrisas para que tú me veas lo más feliz posible a pesar del vacío infinito que tengo en mi corazón.

Pero como siempre estoy con el mismo rollo, y sé que esto te va a gustar cuando lo leas, esta mañana salí a dar un paseo y me encontré con Jose, el del Cava. Había ido por allí un señor preguntando si había alguna manera de localizarnos. Y le dijo que algunas tardes solemos ir por allí. A eso de las nueve apareció un hombre de complexión fuerte, alto y pelo y barba cana. Con gesto serio vino hacia nuestra mesa y se presentó. ¿A qué no adivinas quién era? Julián. Tu buen amigo de Sequeros. Se lamentaba de haber visto la esquela el domingo por la tarde, cuando ya no llegaba a darnos el pésame.

Y allí estuvimos hablando de vuestras épocas mozas, de Oviedo, o mejor Vetusta, como te gusta llamarla a ti, y recordando la maravillosa persona y amigo que fuiste. De hecho, no te imaginas la cantidad de gente que me para por la calle o me escribe para decirme que tuve, y tengo en mi mente y en mi alma, al mejor padre del mundo.

Sabes, papá, al final aunque esto sigue doliendo mucho me enorgullece que la gente te recuerde como un gran hombre. Yo te recuerdo como la persona más maravillosa con la que he tenido el placer de compartir 45 años de mi vida.

Por aquí sigue haciendo un frío que pela, como decimos los de esta tierra, y se me quedan las manos casi sin temperatura, a pesar de estar tecleando el ordenador para tenerte al día de cómo están las cosas.

Nada más por hoy, mi amor. Te dejo que sigas trasteando por donde quiera que estés. Te lo repito una vez más, papá: ¡Te quiero! Y cada día que pasa un poco más. Y es que si hay amores eternos el nuestro está el primero en la lista.

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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