La maruja ahora llega en enero y las setas también


¡Hola, papá! ¿Cómo va todo? Por aquí la cosa va regular. Muchos jaleos. Pero vamos tirando como podemos. La verdad es que está haciendo un invierno es muy duro, pero aunque no te lo creas ya hay maruja.

Sí, maruja. Ese manjar de ‘dioses’ que tanto te gustaba aliñada con un poco de aceite de oliva y un poco de ajo. ¡Lo que podías disfrutar de tus ensaladas! Y la verdad es que tenía una pinta excelente. Te he sentido relamiéndote de gusto.

Pero no sólo eso. Como está lloviendo mucho, en breve habrá setas. Y supongo que se te estará haciendo la boca agua de la que te comías en aquel viejo bar, de exquisito trato a la clientela, y que hacía esquinazo a la avenida de Italia. Y, además, como amigos, os ponía generosas raciones recién cocinadas por las manos de su mujer. Acompañado, como no, de unos buenos vinos para ayudar a que entraran mejor.

Cierto es que tenías menos peligro allí, aunque fuera con tres vinos, que cuando te dedicabas a cogerlas tú por el campo. ¡Las que pudiste liar! Si es que tenías para escribir un libro.

Nunca se me olvidará la anécdota del perro que te encontraste en la mitad del campo cuando ibas tú con la navaja para traer un cesto, que generalmente iban a la basura, porque no nos fiábamos de que realmente fueses comestibles, pero era una forma divertida de pasar la mañana de los domingos.

Ahora, lo que fue épica es la del día que te metiste en una finca a buscar unas cuantas y con había un gran barrizal a la entrada. Teníamos un coche modesto (el ‘Supermirafori) y lograste entrar. Pero ¡ay, amigo! luego había que salir. Y las ruedas se metieron en el lodo y no había manera de sacarlo de allí (sé que ahora te estarás riendo a carcajadas). Saliste a la carretera a buscar ayuda y pasó un coche de la Guardia Civil, pero era demasiado poco potente, por lo que pidieron refuerzos. Y allí llegaron los compañeros con un ‘todoterreno’. Como era domingo llevaban uniforme de gala y se tuvieron que meter con él para empujar hasta que finalmente te pusieron de nuevo en la carretera y llegaste a casa para contarnos esta aventura que tantas y tantas veces repetiste después.

Cada día miro Twitter para ver “lo que ha pasado por el mundo”, que era tu frase favorita cuando estábamos tomando nuestro vino cada noche en el Cava Comerón. Hoy he visto que se han alineado la luna, Venus y Júpiter, un espectáculo único en el que seguramente habrás vuelto a tener un lugar de privilegio para verlo desde el cielo.

Por lo demás, ya sabes. El fútbol sigo moviendo masas y TT y los políticos siguen en una guerra sin tregua que realmente nadie sabe a dónde nos va a llevar. Pero como esos temas nunca nos interesaron en exceso, porque llega un momento en que te saturan, prefiero que hoy te quedes con la imagen de la maruja recién cortado. Estoy aprendiendo la receta para cuando te vuelva a ver en la séptima farola de la eternidad. Me despido un día más, mi amor, con la misma tristeza que invade mi corazón desde el 15 de diciembre y diciéndote como siempre las que eran tus dos palabras favoritas: ¡Te quiero!

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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