El hombre que enciende y apaga las estrellas cada noche

¡Hola, papá! Como durante un tiempo después de irte no fui capaz de abrir un blog, te perdiste varias cosas que sé que ahora te gustaría conocer. Aunque te las contaba a través de Facebook, no es lo mismo. Este es mi lugar para contarte todo lo que, por desgracia, no puedo hacer en persona.

No sé si recuerdas en el hospital cuando tu querida amiga Adriana, que a sus 6 años está enorme, te mandaba mensajes para que te pusieras bueno. En una de esas conversaciones que teníamos, que eran muchas y variadas, me dijiste este año había que dejarle su regalo de Reyes, como habíamos hecho ya un par de ellos más.

Ella te adoraba y tú la adorabas a ella. Incluso cuando estabas sedado te ponía el Whattsapp y en tu cara se dibujaba una sonrisa e intentabas abrir un poco los ojos, algo que era un gran esfuerzo para ti, pero lo hacías porque era una de tus personas especiales.

Bueno. Pues siempre respetando todo lo que me pediste, y a pesar de que me costó un esfuerzo psicológico importante, el 4 de enero quedé con tu niña para darle su regalo. Ya sus tíos le habían explicado que estabas en el cielo, pero ya sabes que los pequeños de hoy en día son muy listos. Demasiado. Y en un momento determinado de la conversación, me preguntó: ¿Cuánto hace que murió Nacho?

Mi cara empalideció. No sabía ni por dónde me había venido el golpe. Pero tuve una capacidad de reacción que ni yo misma me lo creo. No sé si se quedó muy conforme, pero le dije: “Adriana. Nacho no ha muerto. Estaba malito y como él era muy listo, lo llamaron porque necesitaban a alguien que todos los días encienda y apague las estrellas. Así que ya sabes. Cada vez que veas una estrella, la más grande que haya cada noche, es Nacho que te está saludando”. Mientras tanto las lágrimas comenzaron a brotar de mis ojos. Creo que fuiste tú el que me ayudaste a contarle esa historia tan bonita para que no te olvide nunca.

Luego cogió sus chocolatinas de los Reyes Magos y decidió que tú te parecías a Melchor, así que ya sabes, déjate la barba bien blanca. Después cogió su ‘Tragabolas’ y se fue encantada con el primer regalo especial de esa noche tan mágica.

Gracias, papá, porque tú también siempre fuiste mágico y lo sigues siendo. ¡Te quiero, mi amor!

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