Un mes ya…¡qué rápido pasa el tiempo y qué dura es la soledad!


Ya hace un mes que iniciaste tu último viaje. Ése que espero que te haya llevado hasta la séptima farola de la eternidad, para que sepas donde está y vayas a buscarme cuando me toque hacer el mío.

Prepárate porque te voy a dar un abrazo inmenso, más grandes todavía que los que te daba cuando estabas conmigo, mi amor.

Como no podía ser de otra manera hoy ha amanecido un día tristón, gris, con niebla y gélido. Casi tanto como lo está mi corazón desde que te fuiste.

Ayer se murió otro conocido tuyo, Antonio, el del Cenzual. Madre mía cuantos copazos os tomariáis allí mamá y tú y cuantos bocadillos nos preparó la señora María cuando salíamos del colegio hambrientas. 

Para nosotras nunca nos faltaba la Mirinda o la Coca Cola. Tenías muy claro que si los padres salían de ‘fiesta’, los hijos tenían el mismo derecho a tomar su refresco o lo que le apeteciera. Únicamente no nos dejabas pedir nada cuando había alguien dentro de bar para evitarle el compromiso de que tuviera que pagar. Eras un tío muy guay y muy coherente.

De mi caída estoy mejor. Ayer incluso pude ir al gimnasio sin morir en el intento. Me estoy quedando bastante más delgada, pues apenas tengo apetito y me mantengo con cualquier cosita.

Sigo manteniendo viva tu memoria en Facebook. Cada día, aunque quizá hoy lo empiece a hacer sólo los días 15 de cada mes, porque hay fotos y momentos que sólo quiero que queden entre tú y yo. 

No sé si sabes que en marzo viene tu ‘hija’ japonesa a Salamanca. Quería haber venido a despedirse, pero no le daba tiempo a coger un vuelo con tanta premura. Quizá debimos avirsarle antes de que estabas malito, pero la verdad es que nadie esperábamos que esto iba a acabar así.

Por la calle mucha gente me da el pésame o los más despistados me preguntan por ti, pero yo sólo tengo un sentimiento que recorre mi cuerpo cada día. Mejor, dos: miedo y soledad.

Tenemos nueva chica de la limpieza en casa y me ha dicho que sabe podar rosales. Así que no te preocupes, que este verano tendrás una terraza florida y hermosa como siempre te gustó.

Te dejo mi amor. Como siempre no olvides una cosa. ¡Te quiero! Y cada día que pasa más. Cuídate mucho y mándame algún mensaje que yo sepa que estás bien. Un beso, pituco. Hasta mañana.

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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