Un ‘Lazarillo de Tormes’ enfrente de casa

¡Hola papá! ¿Qué tal va todo? Aquí sigue el invierno arreando con fuerza. Hoy hemos llegado a seis grados bajo cero y continúo pensando que debí mandarte tu gorra y tus guantes al cielo, porque seguramente que allí no hay tiendas y tú no eras muy amigo de ir de compras; más bien todo lo contrario. 

En lo que pueda no te voy a hablar de política (es sencillamente aburridor), ni de los que dan patadas a un balón ni de sucesos que tienen conmocionados al país.

Te quiero contar y enseñar una cosa que te hubiera encantado. Y es que ya tienes un ‘Lazarillo de Tormes’ en tu calle, justo enfrente del portal.

¿Recuerdas aquel local que iban a abrir en el lugar donde siempre estuvo el restaurante ‘La Montaraza’ y que nunca llegamos a saber exactamente qué era hasta que te fuiste.

Ahora es una cafetería donde también se sirven comidas. Y ahora estarás pensando: ¡Vete al grano, que eres más pesada!

Pues sus escaleras parecen un pequeño homenaje a ti y a tu gran pasión: la literatura y, por supuesto, ‘El Lazarillo de Tormes’ cuyo nombre figura en una de las cinco escaleras de acceso al bar y comparte ‘cartel’ nada más y nada menos que con ‘El Principito’ y ‘Entre visillos’, de otra ilustre pluma salmantina que, por fortuna, tuvo más reconocimiento que tú. Aunque realmente siempre es gratificante que te dediquen unas líneas, una calle o un espacio en la ciudad de la que tanto escribiste, por la que tantos paseos diste y de la que descubriste casi todos sus secretos, no te preocupes demasiado. Para mí y para muchos amigos y conocidos que te admiran sigues siendo la mejor pluma de Salamanca.

Aquí tienes dos ediciones nuevas para tu colección de ‘lazarillos’. Iban a ser tu regalo de Reyes, pero no pudo ser. Están guardados en tu armario, junto con una cámara de fotos instantánea que te había comprado para que tú pudieras captar tus imágenes y tenerlas reveladas al instante, sin tener que estar pendiente del móvil, que tanto odias  que yo conservo porque ahí tienes imágenes que sé que te encantaba contemplar, y que muchas veces me pedías que te las pusiera en el hospital.

¿Sabes papá? Ha pasado poco más de un mes que te fuiste y tengo un sentimiento de tristeza increíble. Se llama soledad. Después de la vorágine de los primeros días tras tu partida, parece que la gente se ha olvidado de que aquí, en tu casa, siguen existiendo dos personas, especialmente yo, que necesitan una palabra reconfortante, un abrazo o un rato de tertulia, aunque sea para echarnos unas risas recordando tus mil y una anécdotas.

Y es que las liabas pardas desde que eras un niño. Ese niño travieso, con bucles dorados y que como tú bien decías era el más guapo del mundo. Pero ese capítulo lo dejamos para otro día, porque se me están empezando a saltar las lágrimas.

De verdad que sabía que iba a ser difícil vivir sin ti, pero ahora mismo lo veo como algo imposible. No sabes lo que me está costando intentar llevar una vida normal. 

Bueno, mi vida. Te dejo. Sólo por aquí. Ya sabes que de mi cabeza y de mi corazón no te sacaré nunca, porque fuiste, eres y seras eterno, papá. ¡Te quiero con locura! 

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