Un domingo más y un domingo menos para reencontranos


¡Hola, papá! ¿Cómo va todo por ahí arriba? Espero que no te parezca mal que llore tanto, pero es que te echo tanto de menos. La vida era tan fácil contigo. Y eso que no todo eran días y noches de vino y rosas. Más bien lo contrario. Necesitabas que te cuidaran. Y mucho. Y yo lo hacía de mil amores, aunque tú pensaras que eras un estorbo.

De todas maneras hoy se me junta un poco todo en mi corazón roto. 

Mi admirado Simoncelli, que se fue con 24 años, hoy hubiera cumplido 32. Y también le he querido dedicar un pequeño homenaje. Definitivamente, hay demasiados ángeles en el cielo. 

Anoche llovió como hacía tiempo y en el cielo sólo había nubes. Nubes que también hay cada día en mi corazón, papá. ¡Qué ganas tengo de volver a verte en la séptima farola de la eternidad! Cada segundo sin ti es eterno. Y más sabiendo que me no tendré más abrazos, más besos, más caricias y más te quieros hasta ese momento. Si es que de verdad existe la eternidad.

Sin embargo esta mañana cuando bajé a buscar el periódico el sol brillaba con fuerza, aunque sólo calentaba tímidamente mi gélido rostro. Fue un paseo corto, recordándote, como cada segundo, y sin ganas de volver a entrar por la puerta del hogar que con tanto amor creaste y que ahora se me cae encima porque no hay un rincón que no me recuerde a ti.

La verdad si antes creía poco en que haya algo después de la muerte, ahora creo menos, pero tengo que aferrarme a esa idea para no enloquecer.

El teléfono sigue sin sonar. La casa sigue vacía. La gente, mucha, la mayoría, sólo fue al velatorio a hacer el paripé. Luego ya no se acuerdan ni de escribirte para ver si necesitas algo, aunque creo que no te estoy descubriendo nada nuevo y ahora me dirías: ¿Pero qué esperabas de tal o de cual?

Por cierto, que sepas que el ‘esperante’, tu amigo que pasaba todos las noches 35 minutos en la calle a que bajara esa novia tan indescriptible que tiene, sigue a la misma hora y en el mismo sitio. Hay cosas que no cambian.

Bueno, cariño, te dejo. Que ya no tengo fuerzas para seguir escribiendo. Me ha costado un triunfo coger el ordenador y contarte estas pequeñas tonterías que durante unos minutos me hacen sentir que estoy hablando contigo, como lo hacíamos tantas veces. Te quiero, papá. Te quiero. 

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Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

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