Los tomates gigantes en pleno mes de enero


¡Hola, papá! ¿Cómo sigue todo por ahí? Aquí siguen los días nublados, el frío y la amenaza de nieve. Pero aunque no te lo creas hoy, en el paseo matinal que suelo darme todos los días para evitar estar en casa, ya he visto tomates gigantes, de esos que me encantaba traerte porque para tí eran un manjar de dioses.

La verdad es que les falta color, son de los que ahora llaman ‘rosé’ (no quiero pensar lo que dirías cuando te comentara el nombre) y supongo que sabor, porque cada cosa tiene su época y el tomate bueno, ese que te comías sólo con un poco de sal y que crece en las huertas de Salamanca, no llegará hasta bien entrado agosto.

Ahora es todo un poco locura. En las fruterías hay cerezas, fresas y cosas que antes eran impensables antes de una determinada época.

He vuelto al fisio. Ya te dije que me caí. Y la verdad es que tengo una parte de cuello que apenas puedo girar la cabeza. Inés, la chica que estaba en recepción, me ha dado un abrazo enorme cuando me ha visto, porque sabes que te apreciaba mucho. Como tanta otra gente.

Te hacías querer, papá. Últimamente habías cogido una costumbre que a mí me encanta, aunque haya gente que me diga que estoy un poco pasada de moda: besar la mano a las señoras o señoritas que se paraban a hablar contigo. Te habías convertido aún en más caballero de lo que ya eras.

Estos días son complicados. Ya he recibido la primera llamada para ir a buscar tu certificado de defunción. Y me está dando pánico pasar por ese momento. Todo el valor y la alegría se me quedó en aquellas largas jornadas de hospital donde no me cansaba de sonreír y de hacerte cosas para que tú también sonrieras y te quedaras más tranquilo cuando me marchaba para casa.

Entiendo que es su trabajo, pero no sé cómo pueden tener tanta frialdad los hombres que se dedican a las pólizas de decesos. Bueno. Al final para ellos eres un número. Exactamente que cuando estás en el hospital y te tienen que dar la comida o hacer una prueba. Nadie decía vamos a llevarnos a Ignacio, sino hay que llevarse al de la 106A.

Ya te contaré cosas de la nueva chica que viene a limpiar a casa. Se llama Ainhoa. Sabe lo que significas para mí y me va a enseñar a podar rosales. Además quiere que limpiemos tu despacho con todo el cuidado del mundo para que tus libros luzcan relucientes y no se estropee por el paso del tiempo.

Bueno, mi vida. Te dejo. Que supongo que ya habrás comido y estarás a punto de echarte la siesta, si es que no estás machacando oreja ya.

¡Te quiero, papá! Y cada día que pasa más. Ahora entiendo cuando la gente me dice que se puede morir de pena. Te mando un beso infinito.

add section
Anuncios

Publicado por

Patricia Carnero

Periodista, bloguera y huérfana de padre desde el 15 de diciembre. Este es mi pequeño tributo al hombre que me dio la vida y todo lo que necesité para convertirme en una persona, principalmente, buena, como él, culta, educada y sabia. ¡Gracias, papá, por estos 45 años que me has dejado vivir a tu lado!

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión /  Cambiar )

Google photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google. Cerrar sesión /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión /  Cambiar )

Conectando a %s